Bretton Woods está muerto: ¿qué sigue? ¿Las Nuevas Rutas de Seda?

El ministro de finanzas francés, Bruno Le Maire, ha admitido públicamente algo que, normalmente, es reservado para la discusión interna en los círculos de la élite gobernante de Europa —porque si el público occidental lo entendiera en toda su magnitud, estaría bastante preocupado ante el nuevo paradigma… el Nuevo Sistema Mundo Euroasiático.
Por Matthew Ehret
En un evento en honor al 75 aniversario de Bretton Woods —la conferencia que creó las bases para el orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial— Le Maire declaró con toda franqueza que “el orden de Bretton Woods ha alcanzado sus límites. Y, a menos que podamos reinventarlo, la Nueva Ruta de la Seda podría convertirse en el Nuevo Orden Mundial”.
Y continuó afirmando que “los pilares de ese orden han sido el Fondo Monetario Internacional y su institución hermana, el Banco Mundial, desde su inicio en la conferencia de Bretton Woods en New Hampshire, 1944”.
Si no se lleva a cabo una transformación radical de forma inmediata, Le Maire lamenta que “los estándares chinos sobre el estado y el acceso a las adquisiciones públicas, sobre la propiedad intelectual, podrían convertirse en estándares globales”.

Dos sistemas en conflicto
Las declaraciones del ministro de finanzas reflejan una realidad irrefutable —que es el planteamiento del portal El Nuevo Sistema Mundo— de que dos sistemas opuestos —que operan bajo dos estándares de principios— están actualmente en conflicto, y donde sólo uno puede tener éxito. Sin embargo, aunque parece estar al tanto de las fuerzas en juego entre dos sistemas, Le Maire falla en identificar miserablemente lo que el Sistema Bretton Woods debía lograr en primer lugar, o qué tipo de “transformación radical” se necesita para salvar a Europa —o mejor dicho a la esfera Anglosajona— del colapso de su propio sistema, cargado de especulaciones financieras.
Le Maire se sumerge profundamente en la irrealidad, que cree que la transformación radical que necesita desesperadamente Occidente, no implica colaborar con la Nueva Ruta de la Seda, sino fortalecer el poder de Bruselas, mientras se vuelve más tecnocrático y más verde (también conocido como: Desindustrializado y Despoblado).

El New Deal vs. los Imperialistas Racistas
Setenta y cinco años de historiadores revisionistas financiados en gran parte por la Mesa Redonda Británica / Chatham House y su rama estadounidense (el Consejo de Relaciones Exteriores) han obstruido la verdadera naturaleza antiimperial de la intención original de Bretton Woods y el orden de la posguerra centrado en las Naciones Unidas.
En aquel entonces, al igual que hoy, dos facciones opuestas competían por dar forma a la esencia del orden mundial a medida que la máquina nazi (financiada por Wall Street y el Banco de Pagos Internacionales de Londres) estaba llegando a su fin. No estoy hablando del Capitalismo vs. el Comunismo.
Esta lucha de facciones fue entre los nacionalistas del New Deal liderados por Franklin Roosevelt (FDR), contra los imperialistas racistas representados por Sir Winston Churchill, que deseaban utilizar la crisis de la guerra para establecer un Imperio británico revivido y fortalecido por el músculo estadounidense. Los nacionalistas del New Deal de FDR se caracterizaron por su total adhesión a la creencia de que la plaga del colonialismo tenía que deshacerse y una nueva era de desarrollo a largo plazo, de grandes proyectos de infraestructura, debía caracterizar a la comunidad de naciones soberanas para el próximo siglo. Estos patriotas creían en la internacionalización del New Deal, estaban comprometidos a trabajar con Rusia y China como aliados naturales de EE.UU. y desconfiaban profundamente de los británicos.
En el caso de Bretton Woods, donde representantes de 44 naciones se reunieron durante dos semanas, en julio de 1944, para crear un nuevo sistema de la posguerra, esta lucha equivalió a una batalla entre Harry Dexter White, el asesor económico de confianza de FDR (que luego fue el primer director del FMI y un aliado del vicepresidente de FDR, Henry Wallace) y Lord John Maynard Keynes (eugenista, pedófilo y defensor del Imperio Británico).

Churchill y Keynes: un feroz racista / un racista maquillado
Mientras Churchill era el defensor del conservadurismo feroz y sin complejos de la “Carga del Hombre Blanco”, para ejercer su dominio sobre los pueblos de color “inferiores” de la tierra, Keynes representó al policía amistoso del Imperio como un “Socialista de la Sociedad Fabiana” (alias: Ingeniería Social) de la London School of Economics. Mientras Churchill prefería derribar a sus enemigos con cañones, recuentos de cadáveres y torturas, como se vio en la Guerra de los Boers, en las guerras del opio en China, o en la Primera Guerra Mundial, los métodos fabianos de Keynes preferían el desgaste y la subversión lenta. De cualquier manera, el resultado de cualquiera de los dos caminos era el mismo.
Si bien muchos conocen las opiniones racistas y pro-fascistas de Sir Churchill, quien habló con admiración de Mussolini e incluso de Hitler en los primeros días, cuando todavía se creía que estos fascistas corporativos actuarían como representantes de la oligarquía financiera, la mayoría de las personas no saben que Keynes también apoyaba a Hitler y despreciaba a FDR.

FDR no era un Keynesiano
Contradiciendo el mito de que FDR era keynesiano, el asistente de FDR, Francis Perkins, registró la interacción de 1934 entre los dos hombres, cuando Roosevelt le dijo: “Vi a tu amigo Keynes. Dejó toda una serie de figuras. Debe ser un matemático en lugar de un economista político”. En respuesta, Keynes, quien estaba tratando de cooptar la narrativa intelectual del New Deal, declaró que “supuso que el presidente era más letrado, económicamente hablando”.
En la edición alemana de 1936 de su Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, Keynes escribió: “Aunque confieso que gran parte del siguiente libro está ilustrado y expuesto principalmente con referencia a las condiciones existentes en los países anglosajones, no obstante la teoría elaborada en su conjunto, y que pretende proporcionar el siguiente libro, se adapta mucho más fácilmente a las condiciones de un estado totalitario”.

Keynes contamina a Bretton Woods
Lord Keynes fue desplegado para dirigir a la delegación británica en Bretton Woods y avanzar en un plan oscuro, que requería la creación de una Unión Internacional de Compensación, controlada por la Ciudad de Londres, y que denominara todos los pagos en una unidad de contabilidad común: el Bancor.
El Bancor se utilizaría para medir el déficit comercial o de superávit de todas las naciones, expropiar los excedentes a fin de año y gravar a los países con déficit. La imposición de una “arquitectura matemática” sobre los sistemas físicos (no matemáticos) de las naciones era la forma más segura de mantener una jaula invisible sobre la tierra, bajo el ideal del “equilibrio matemático”. La sádica austeridad fiscal exigida por los economistas matemáticos y otros tecnócratas en Bruselas, hoy en día, reflejan la fuerza aún activa del espíritu de Keynes que atormenta al mundo en nuestros días.

Bretton Woods como un nuevo acuerdo global
En oposición a Keynes, los EE.UU. de FDR estuvo representada por su aliado cercano Harry Dexter White en Bretton Woods. White (hoy calumniado como un agente soviético por los historiadores del CFR) luchó con uñas y dientes para asegurarse de que Gran Bretaña no estaría en el asiento del conductor del nuevo sistema económico emergente o los mecanismos importantes del FMI, que luego el asumió como líder, el Banco Mundial o la política monetaria en general. White aseguró que el sistema de “preferencia” económica colonial que Gran Bretaña utilizaba para mantener el saqueo de libre comercio en todo su imperio fuera destruido, y la libra esterlina no jugara un papel principal en el comercio global. En cambio, se estableció un sistema de tipo de cambio fijo para garantizar que la especulación no pudiera correr desenfrenadamente sobre las estrategias de crecimiento nacional y el dólar (luego respaldado por una poderosa plataforma económica FÍSICA, en principio el oro), era la columna vertebral para el comercio mundial (1).
White, como Franklin Roosevelt, Henry Wallace y Harry Hopkins, creían que la moneda estadounidense (en lugar de la libra esterlina) debía convertirse en la base de la economía mundial, a medida que Estados Unidos salía de la Segunda Guerra Mundial como la nación productiva y en crecimiento más poderosa del mundo, sin ser tocada por los estragos de la guerra euroasiática.

La batalla de FDR con Churchill
Así como la Reconstruction Finance Corporation (RFC) de EE.UU. se usó como un banco nacional para financiar miles de grandes proyectos de infraestructura, transporte, energía y agua durante el New Deal y justo cuando la ley Glass-Steagall rompió el monopolio de las finanzas especulativas privadas sobre la economía productiva, los New Deals de FDR deseaban utilizar el Banco Mundial y el FMI para emitir créditos productivos a largo plazo y de bajo interés, para mega proyectos de infraestructura a largo plazo en todo el mundo. No solo en la reconstrucción de Europa.
La batalla de FDR con Churchill sobre este asunto estaba bien documentada en el libro de su hijo / asistente Elliot Roosevelt, As He Saw It (1946): “He tratado de dejar en claro… que mientras somos aliados [de Gran Bretaña] y estamos a su lado en la victoria, nunca deben tener la idea de que estamos allí solo para ayudarlos a aferrarse a sus ideas arcaicas del imperio medieval… Espero que se den cuenta de que no son los socios principales; que no vamos a sentarnos y ver cómo su sistema sofoca el crecimiento de todos los países de Asia y la mitad de los países de Europa”.
FDR continuó: “El sistema colonial significa guerra. Explotar los recursos de la India, Birmania, Java; sacar toda la riqueza de estos países, pero nunca poner nada en ellos, cosas como la educación, los niveles de vida dignos, requisitos mínimos de salud: todo lo que está haciendo es almacenar el tipo de problemas que conducen a la guerra. Todo lo que está haciendo es negar el valor de cualquier tipo de estructura organizativa para la paz antes de que ésta comience”.

El desmantelamiento de los imperios
Escribiendo desde Washington para la histeria de Churchill, el Secretario de Asuntos Exteriores de EE.UU., Anthony Eden, dijo que Roosevelt “contempla el desmantelamiento de los imperios británico y holandés”.
En 1942, FDR envió a su aliado cercano Wendell Wilkie a una gira mundial, para reunirse con líderes internacionales de naciones colonizadas, para difundir la visión del presidente de un nuevo acuerdo global. A su regreso, Willkie pronunció un discurso diciendo:
“En África, en el Medio Oriente, en todo el mundo árabe, así como en China y en todo el Lejano Oriente, la libertad significa la abolición ordenada pero programada del sistema colonial. Les puedo asegurar que esto es verdad. Les puedo asegurar que el gobierno impuesto por otras personas no es la libertad y no debemos luchar para preservarlo… Los hombres y las mujeres de todo el mundo están en marcha (por el cambio), física, intelectual y espiritualmente. Después de siglos de sometimiento, cientos de millones de personas en Europa del Este y Asia han abierto los ojos. Los viejos miedos ya no los asustan. Ya no están dispuestos a ser esclavos orientales donde solo hay ganancias occidentales. Están comenzando a saber que el bienestar de los hombres en todo el mundo es interdependiente. Están resueltos, como debemos estar, para que no hay más lugar al imperialismo dentro de su propia sociedad y en la sociedad de las naciones”.
Esta visión fue expresada continuamente por FDR en sus cientos de discursos, así como por su Vicepresidente Henry Wallace, en la creación de la Carta del Atlántico y las Cuatro libertades. Estaba incrustado en la defensa de la soberanía nacional en la Constitución de la ONU (visiblemente inexistente en la Liga de Naciones dirigida por los británicos anteriormente). Se suponía que era el espíritu rector que animaba al mundo a medida que la humanidad entraba en una edad madura de razón creativa.

¿Entonces qué pasó?
Al describir la profunda penetración británica en el departamento de estado estadounidense, infestado con burócratas salidos de Rhodes Scholars y Fabianos, FDR describió su comprensión del problema a su hijo:
“Sabes, muchas veces los hombres del Departamento de Estado han tratado de ocultarme mensajes, retrasarlos, retenerlos de alguna manera, solo porque algunos de esos diplomáticos de carrera no están de acuerdo con lo que yo creo. Deberían estar trabajando para Winston. De hecho, muchas veces, están [trabajando para Churchill]. Deténgase a pensar en ellos: ¡muchos de ellos están convencidos de que la forma en que Estados Unidos debe llevar a cabo su política exterior es averiguar qué están haciendo los británicos y luego copiar eso!” Yo les dije… hace seis años, que limpiaran ese departamento de estado. Es como el Ministerio de Asuntos Exteriores británico…”.

Socavando la obra de FDR
Mientras FDR estuvo en el cargo, esa colmena dirigida por los británicos se mantuvo a raya, pero tan pronto como FDR murió, la infestación se apoderó de EE.UU. e, inmediatamente, comenzó a socavar todo lo que FDR y sus aliados habían creado.
Harry Dexter White fue expulsado de su cargo como director del FMI y etiquetado como un agente comunista. Henry Wallace fue expulsado por razones similares y trabajó con White en una candidatura presidencial en 1948, como candidato presidencial de un tercer partido. William Wilkie (que había discutido la creación de un nuevo partido con FDR) murió en octubre de 1944, y la mano derecha de FDR, Harry Hopkins, que hizo todo lo posible para iniciar un estrecho vínculo de amistad con Stalin, murió en 1946. Elliot Roosevelt entrevistó a Stalin unos años más tarde, y registró que Stalin siempre creyó que FDR fue envenenado “por la pandilla de Churchill”. Para 1946, Churchill marcó el comienzo de la Guerra Fría y durante los 70 años restantes, después de lanzar bombas nucleares sobre un Japón derrotado, EE.UU. sometió a sus ex aliados. Stalin lamentó la muerte de Roosevelt diciendo que “el gran sueño ha muerto”.

Un casino de apuestas militarizado
La oligarquía tardó otros 25 años en desmantelar el sistema de tipo de cambio fijo de Bretton Woods, lo que llevó a Nixon a flotar el dólar estadounidense en 1971 en los mercados especulativos, convirtiendo el mundo cada vez más en un casino de apuestas militarizado. En lugar de usarse como instrumentos para el crecimiento a largo plazo como se pretendía, el FMI y el Banco Mundial los usaron como herramientas de esclavitud de la deuda y recolonización, como se describe en “Confesiones de un Sicario Económico”, de John Perkins.
Hoy el mundo ha capturado una segunda oportunidad para revivir el “gran sueño”. En el Siglo XXI, este gran sueño ha tomado la forma de las Nuevas Rutas de la Seda, liderada por Rusia y China (y unida por un coro creciente de naciones que anhelan salir de la jaula invisible del colonialismo).
Si las naciones occidentales desean sobrevivir al colapso inminente, harían bien en unirse a este nuevo marco, en lugar de beber más veneno promovido por personas como Le Maire, Ursula von Leyen y sus amos que quieren transformar los restos moribundos de Bretton Woods en un “Green New Deal”.

Apéndice: Churchill, Keynes y FDR en sus propias palabras:
“La mente excéntrica, escéptica, observadora, deslumbrante y líder de Galton, lo llevó a convertirse en el fundador de la rama de la sociología más importante, significativa y, gregaria, genuina, es decir, la eugenesia”.
– John Maynard Keynes en Eugenesia de Galton, Eugenics Review 1946

“No estoy de acuerdo con que el perro en un pesebre tenga el derecho final al pesebre, aunque pueda haber permanecido allí durante mucho tiempo. No admito ese derecho. No admito, por ejemplo, que sea un gran error lo que se ha hecho a los indios rojos de América o al pueblo negro de Australia. No admito que se haya hecho un mal a estas personas por el hecho de que una raza más fuerte, una raza de mayor grado, una raza más sabia y mundana, para decirlo así, ha entrado y ocupado su lugar”.
– Winston Churchill a la Comisión Peel, 1937

“Nunca hubo, ni existe ahora, y nunca habrá, ninguna raza de personas aptas para servir como amos sobre sus semejantes… Creemos que cualquier nacionalidad, por pequeña que sea, tiene el derecho inherente, a sí misma, el carácter de nación.”
– Franklin Delano Roosevelt, marzo de 1941

“Quienes buscan establecer sistemas de gobierno basados ​​en la reglamentación de todos los seres humanos, por un puñado de gobernantes individuales, llaman a esto un nuevo orden. No es nuevo ni es orden”.
– Franklin Roosevelt

(1) El economista estadounidense Lyndon LaRouche ha explicado en sus cientos de escritos, durante décadas, que mientras la economía FÍSICA siguiera creciendo sin los límites imaginarios del “futuro matemático”, que algunos deseaban imponer al sistema, la viabilidad del dólar estadounidense sería sólida y el sabotaje controlado del patrón oro durante la década de 1960, que condujo a la flotación del dólar en 1971, NUNCA podría haber ocurrido.

Matthew J.L. Ehret es periodista, profesor y fundador de Canadian Patriot Review. También es cofundador de la Rising Tide Foundation.

Texto original: https://www.strategic-culture.org/news/2019/07/27/bretton-woods-dead-what-next/
Traducción: A. Mondragón

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