China reasume la conducción del mundo y se avizora un Nuevo Sistema Mundo

Después de tres siglos de pausa el gigante asiático dio un salto cuántico en su desarrollo económico. Los sueños de gloria de Sun Yat Sen, de hace ocho décadas, se hicieron realidad en el segundo mandato de Xi Jinping. Y su alianza con Rusia, con un enorme poderío militar, nos señala la aparición no solo de un Nuevo Sistema Mundo Euroasiático –ante la decadencia del viejo Sistema Mundo Occidental, encarnado en Estados Unidos– sino también presagia la existencia de otros Sistema Mundo paralelos.

“Un pequeño saber no puede equipararse a uno grande. Ni una corta vida a una larga existencia. ¿Cómo se sabe que esto es así? El hongo que sólo vive una mañana desconoce el ciclo de la luna. La cigarra de verano nada sabe de primaveras ni de otoños. Así son las pequeñas existencias”. Chuang Tse

“La vida es una serie de cambios naturales y espontáneos. No te resistas a ellos —solo crea dolor—. Deja que la realidad sea la realidad. Deja que las cosas sigan su curso natural, cualquiera sea el camino que ellas elijan”. Lao Tzu

“La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia”.
Amos Bronson Alcott

Por Alexandr Mondragón

Desde que el “conocimiento” occidental tomó el control de la mente y la existencia humana en los últimos 500 años, un tsunami de arrogancia ha intentado barrer la historia de las civilizaciones pasadas, creyendo que un pequeño saber puede equipararse a uno grande. Encerrados en la Caverna de Platón, hemos ignorando que la sabiduría del pasado —más que el conocimiento— puede abrir nuestra visión hacia horizontes olvidados por la humanidad.
Lo anterior es, precisamente, lo que debemos entender hoy en día. Estamos ante uno de esos momentos de trascendencia histórica que solo han sucedido contadas veces en la historia de las civilizaciones: El fin de un sistema mundo y la aparición de uno nuevo. Uno que será comandado por una civilización-estado que fue un Imperio durante tres milenios: China. Como para nunca olvidar lo que el historiador Fernand Braudel escribió: “Las civilizaciones siempre se imponen a las culturas”.

Esa fue nuestra previsión en una serie de artículos que publicamos desde diciembre del 2017 hasta febrero del 2018 (a ser republicados en esta nueva página), en los cuales anunciamos desde la creación de una Muralla China en Siria, para defender al renaciente mundo Euroasiático de la agresión militarista de Occidente, hasta el perfil de un plausible Nuevo Sistema Mundo Euroasiático (NSME) como el sucesor del ya decadente Sistema Mundo Occidental (SMO) —cuya desaparición fue prevista hace unas tres décadas por el profesor Immanuel Wallerstein, aunque él mismo lo proyectaba para mediados del presente siglo y advertía que aún era difícil de prever qué clase de Nuevo Sistema Mundo se formaría y asentaría sus bases firmes a lo largo del Siglo XXI.

La Previsión de Immanuel Wallerstein

«Como todos los sistemas, la proyección lineal de sus tendencias encuentra ciertos límites, después de lo cual el sistema se encuentra a sí mismo lejos del equilibrio y comienza a bifurcarse. A partir de este punto, podemos decir que el sistema está en crisis, y que transita a través de un periodo caótico en el cual busca estabilizar un nuevo y diferente orden, es decir, que realiza la transición desde un sistema a otro», expuso el profesor Wallerstein, durante un simposio en 2001, aunque esta idea ya la había expuesto en sus obras en la década de 1990.
Aunque hasta 2017 el propio Wallerstein aún se resistía a la idea de que un NSM ya estaba en emergencia, hoy podemos señalar que la humanidad está comenzado a ser testigo de Otro Mundo, Otros Tiempos, porque ya estamos viviendo el “periodo caótico” donde no solo estamos viendo la emergencia de un Nuevo Sistema Mundo Capitalista paralelo de carácter Euroasiático, comandado por China y Rusia, indispensable para su total independencia del viejo SMO, sino también de un ya establecido Nuevo Sistema Mundo de Colonización Mental (NSMCM) que ha sido construido por el decadente SMO y con el cual, sin duda alguna, pretende sostener el poder sobre las grandes masas que habitan en sus colonias mentales y territoriales. Lo último fue quizá el temor intuitivo que tuvo Wallerstein cuando en una entrevista, en el 2013, dijo: “Por un lado, hay quienes desean reemplazar el capitalismo con un sistema no capitalista que retendrá las peores características del capitalismo: la jerarquía, la explotación y la polarización. Y en el otro lado, hay quienes buscan crear un sistema histórico que nunca ha existido, uno basado en la democracia relativa y la igualdad relativa”.

¿Qué es China realmente?
Pues bien, más de un año después de nuestra primera previsión —basada en argumentos históricos y que por primera vez se ha dado desde el Sur hacia el Norte— un NSME y otro en paralelo —como una probable bifurcación del viejo SMO en un Nuevo Sistema Mundo Neo Feudal, heredero del viejo sistema— aparecen como toda una realidad en marcha y a punto de entrar a la tercera década del Siglo XXI.
Pero antes de proseguir con una explicación a grandes rasgos de los nuevos sistemas mundo, hay que responder a la pregunta:

¿Por qué China está reasumiendo su rol de conducir el mundo, luego de que el viejo SMO, u Occidente, ha perdido todas las reservas morales que tenía para dirigir el mundo tras las grotescas y destructivas geopolíticas imperiales de EE.UU.?

En el ajedrez de alto nivel, los jugadores no sólo buscan comprender cómo juega el rival sino también, en primer lugar, cómo piensa y cómo es su ser. Entonces, antes de proceder a realizar un breve resumen de cómo China supo esperar pacientemente alrededor de tres siglos para dar un salto cuántico en su desarrollo y convertirse en una Súper Potencia del Siglo XXI, es importante entender —al menos a grandes rasgos, por ahora— qué es China realmente —no tanto en la visión occidental, sino desde la propia visión de los chinos.
Desde que China lanzó su Iniciativa de las Nueva Rutas de la Seda (Belt and Road Initiative, BRI) en la segunda década del Siglo XXI, el mundo occidental ha visto estos megaproyectos capitalistas de desarrollo financiero, industrial y tecnológico, como el concepto que define “la política exterior de China”. Así lo señala el informe “La Era de la Perplejidad. Repensar el Mundo que Conocíamos”, del banco BBVA, publicado en diciembre del 2017. ¿Pero realmente es así?
¿Qué tal sí, entendiendo mejor el carácter histórico de China, el BRI es en verdad el anuncio oficial del renacimiento de la civilización china a través de la construcción de un Nuevo Sistema Mundo —independiente del viejo SMO— a construirse desde el continente euroasiático y que tiene proyectado consolidarse antes del 2050?

China es una civilización-estado
Hoy en día —a causa de la colonización mental, de lo cual hablaremos más adelante— el Mundo Occidental —desde sus geoestrategas, planificadores, expertos y la población en general— entiende muy poco de lo que realmente es China y del gran rol que tendrá en el mundo a lo largo del presente siglo y, tal vez, en los siglos por venir.
En este escenario, entonces, es importante comprender que hay cuatro temas claves que hacen a China distinta de Occidente y que son: civilización-estado, raza, estado tributario y unidad, como lo describe el autor Martin Jacques, en su libro “Cuando China Gobierne el Mundo”.
Por el momento y para propósitos de este ensayo, solo nos referiremos a dos, sin dejar de remarcar que los otras dos son también de suma importancia y serán tratados en posteriores artículos en esta nueva página.
En primer lugar, escribe Jacques, “China no debe ser vista como una nación-estado, aunque así es como se describe a sí misma y cómo es visto por otros. China, sin embargo, ha existido dentro de sus fronteras actuales por casi dos mil años y solo en el último siglo se ha considerado a sí misma como una nación-estado. La identidad de los chinos, sin embargo, se formó antes de que China asumiera el estatus de nación-estado, a diferencia de Occidente donde la identidad de las personas, tanto en Europa como en Estados Unidos, se expresa en términos de una nación-estado. Los chinos, al hacer referencia constante a lo que describen como sus 5,000 años de historia, son conscientes de que lo que los define no es un sentido de nación sino de una civilización. En este contexto, China no debe ser vista principalmente como un estado-nación sino como una civilización-estado. Las implicaciones de esto son de largo alcance: no es posible —o es un grave error— considerar a China como un estado similar o equivalente a cualquier otro estado”.
Y la característica más importante de China, según Jacques, concierne a su unidad. “Tras la represión de la Plaza de Tiananmen, en Occidente se creía ampliamente que China se fracturaría de una manera similar a la Unión Soviética. Esto se basó en una mala interpretación fundamental de China. Este último ha ocupado un territorio aproximadamente similar, ciertamente en términos de donde vive la gran mayoría de la población, durante casi dos milenios. Cuando el Imperio Romano estaba en proceso de fragmentarse en muchos estados más pequeños, China se estaba moviendo en la dirección opuesta, adquiriendo una unidad que, a pesar de largos períodos de balcanización, duró hasta el presente. El resultado es un solo país que alberga una gran parte de la humanidad. Esto afecta profundamente la forma en que (China) ve al resto del mundo y también le proporciona potencialmente, al menos, un poder excepcional. El tamaño de China lo define como diferente de todos los demás países, excepto India”.

Un Imperio durante tres milenios
Entonces, desde la profundidad de estas claves —civilización-estado, raza, estado tributario, unidad y otros, según Jacques— es que China ha disfrutado de una historia bastante diferente a la de Occidente, lo que le ha permitido ser un Imperio en al menos tres de los últimos cinco milenios, lo que le da una enorme ventaja sobre las naciones-estados vigentes en el Siglo XXI —y he aquí la importancia de comprender por qué “Un pequeño saber no puede equipararse a uno grande. Ni una corta vida a una larga existencia”. Y porque “Las civilizaciones siempre se imponen a las culturas”.
Por lo tanto, como lo advierte Jacques, “es banal creer que la influencia de China en el mundo será fundamental y abrumadoramente económica: por el contrario, es probable que sus efectos políticos y culturales sean al menos de mayor alcance. Y es plausible que el impacto de China en el mundo será tan grande como el de Estados Unidos durante el último siglo, o probablemente mucho mayor”.

La paradoja capitalista de la China “comunista”
Ahora, retomando algunas de las explicaciones que ya hemos dado en los artículos publicados hace un año (que están siendo republicados en esta página) y donde trazamos el plano de lo que se estaba construyendo, es importante responder la pregunta: ¿Cómo fue que China, una presunta nación “comunista” logró aprovechar magistralmente los errores de los “capitalistas militaristas y parasitarios” —justamente en la última fase de declive del viejo SMO— y usar lo mejor del “capitalismo industrial, tecnológico y científico”, para dar el mayor salto cuántico de desarrollo, a una velocidad cuasi hipersónica, que ninguna civilización ha logrado en la historia de la humanidad?
He aquí el proceso de cómo lo que hizo.
China, a quien en las mentes colonizadas aún se le considera una nación “comunista” —a veces los nombres son los hábitos que NO hacen al monje—, es una civilización-estado que —más allá de ser los inventores de la brújula, el papel y la pólvora, con la que irónicamente el Viejo Mundo conquistó el Nuevo Mundo, aun cuando los chinos habían llegado antes— tuvo una presencia Imperial en los asuntos mundiales durante 3,000 años hasta el Siglo XVIII, cuando decidió amurallarse en retirada en un momento en que el mundo no era un lugar apetecible para comerciar. Europa estaba en medio de una transición caótica de guerras contra el viejo poder monárquico y el Hemisferio Americano apenas estaba poblado tras la aniquilación de la Conquista Española. Fue como “Un guerrero sabio (que) mira desde un lugar seguro el incendio en la orilla opuesta”, como dice una estratagema chino. Y lo que observó en el siglo siguiente fue el nuevo apogeo del SMO con la Era Industrial. Pero tuvo que pagar un pequeño precio. Los poderes emergentes intentaron colonizar los territorios chinos, pero nunca lograron conquistarlo y menos aún someterlo.
Y es precisamente en este punto donde debemos destacar lo que el historiador Fernand Braudel, en su obra El Tiempo del Mundo, Civilización material, economía y capitalismo, Siglos XV-XVIII, preguntaba muy certeramente: “¿Es menester concluir que, hasta la conquista inglesa, la actividad europea no hizo más que rozar a Asia. Se limitó a sucursales que apenas afectaron a un cuerpo enorme. Esa ocupación fue superficial, epidérmica, anodina. No cambió la civilización ni la sociedad, que sólo concernía, económicamente, al comercio de exportación, o sea a una parte menor de la producción?”.
El tiempo ha respondido a su pregunta y ha reafirmado lo que enfatizó en esa misma obra: “Las civilizaciones siempre se imponen a las culturas”.

La aparición de Sun Yat-Sen
En este marco histórico y a la llegada del Siglo XX, cuando los poderes vigentes y emergentes del SMO estaban en plena disputa por quién iba a comandarlo, los pensadores chinos no fueron ajenos a la prosperidad que el Capitalismo podía proveerles. Es así que surge la figura del político, médico y pensador Sun Yat-Sen, el primer presidente de la República de China y considerado como el padre de la China moderna, quien en una serie de discursos, recopilados en su libro “Los Tres Principios del Pueblo Chino”, fue muy claro en explicar que China —a pesar de estar detrás de los extranjeros en el logro científico capitalista del momento— debía emprender “la construcción de una gran civilización material”, en base a sus logros pasados.
Sin embargo cuando Sun Yat-Sen escribió su propuesta, en 1924, el mundo acababa de salir de la I Guerra Mundial y, tras un breve auge económico, se encaminaba hacia una Gran Depresión. Y China misma se encontraba aun dividida por luchas internas, por lo que su proyecto de construir una “gran civilización material”, quedó encarpetado, más no olvidado.

“El pivote geográfico de la historia”
¿Por qué Sun Yat-Sen quería emprender “la construcción de una gran civilización material”? Si entendemos a China como una civilización-estado, no es difícil hallar la respuesta. Sin embargo hay otro detalle geopolítico no menos importante.
Cuando Sun Yat-Sen realizó su propuesta, es muy posible que tuviera conocimiento de lo que 20 años atrás había señalado el geógrafo y político inglés Sir Halford John Mackinder, quien escribió “La teoría del Heartland”, en referencia al territorio Euroasiático, donde postulaba que la potencia que domine esta área concreta de la tierra, le permitiría dominar el mundo.
En un artículo titulado “El pivote geográfico de la historia”, presentado en 1904 ante la Royal Geographical Society, Mackinder —el gran maestro de la geopolítica occidental que, en ese momento de la historia, ya entendía los síntomas del fin del Imperio Británico— presentó un análisis geopolítico donde detalló —en los albores del Siglo XX, cuando aún estaba lejano la llegada de los soviets al poder en Rusia y cuando China aún sufría conmociones internas— cual debía ser la tarea del nuevo imperio a emerger, en las décadas por venir, para el dominio de todo el mundo. Y señaló, específicamente, cuál era la zona clave.
Mackinder escribió que la “región pivote” de la política mundial es esa extensa zona de Eurasia y que la potencia que domine esta área concreta de la tierra, le permitiría dominar el mundo. Y como conclusión, puntualizó: “No estaría fuera de lugar indicar expresamente que la implantación de algún nuevo control en la zona interior, en sustitución del de Rusia, no tendería a reducir la significación geográfica de la posición pivote. Si los chinos, por ejemplo, organizados como los japoneses llegaran a vencer al Imperio ruso y conquistar sus territorios, podrían representar un peligro amarillo para la libertad del mundo, porque simplemente añadirían un frente oceánico a los recursos del gran continente, ventajas de las que no han podido gozar todavía los rusos”.
Esta demás decir, entonces, que China y Rusia ya estaban advertidos y lo tuvieron muy presente a lo largo del Siglo XX. Pero ambos lo confrontaron de una forma diferente. Rusia, convertida en la Unión Soviética, intentó lidiar con el imperio emergente. China, irónicamente ensayando el comunismo maoísta, aprendió de sus errores y siguió aguardando.

Una espera de 80 años
“Quien sabe vencer al enemigo no ataca”, es una enseñanza de Lao Tsé. Y otra vez “Un guerrero sabio mira desde un lugar seguro el incendio en la orilla opuesta”.
Al finalizar la II Guerra Mundial, Estados Unidos asumió el comando del SMO y, como lo había previsto el economista ruso Nikolai Kondratiev en su hipótesis sobre los ciclos de la economía mundial, el SMO comenzó una nueva curva ascendente que convirtió a EE.UU. en la única Superpotencia Global, por encima de su rival existencial de entonces la Unión Soviética que, a decir verdad, nunca supuso una amenaza real para EE.UU. China, mientras tanto, experimentaba en carne propia las desgracias del comunismo maoísta que finalmente colapsó en 1976.
Curiosamente, fue en la misma década de 1970 que, con la creación del petrodólar como el recurso monetario y financiero que EE.UU. implementó para imprimir dinero como arte de magia —sin tener que producir nada a cambio— se dio impulso a una nueva onda de crecimiento económico basado esencialmente en un Capitalismo Industrial Militar. Ahí EE.UU. empezó a cometer una serie de errores que lo llevaron a una arrogancia imperial —autonombrándose como la “Superpotencia Excepcional”— pero que resultó ser un cáncer terminal. Lo último fue advertido claramente por Fletcher Leroy Poultry, un ex Coronel de la FF.AA. de EE.UU., en su libro The Secret Team —cuya primera edición fue desaparecida por la CIA— donde crítico la política exterior de Estados Unidos, especialmente en lo concerniente a la Agencia Central de Inteligencia, y advirtió los peligros de una “élite del poder” global, que opera de forma encubierta para proteger sus intereses, y al hacerlo subvertía la democracia en todo el mundo —una advertencia que ya la había hecho el presidente Ike Eisenhower en su discurso de despedida en 1961— pero que Poultry lo expuso sin ambages. Desde entonces, de acuerdo a diversos estudios y autores, esa amenaza alcanzó poderes inimaginables —en alianza con el poder monetario y financiero de Wall Street— y hoy es conocido como el “Deep State”.

En el momento de la ambición exacerbada
En este contexto, no dudamos que China tomó muy en cuenta la obra de Poultry, así como la extensa obra del profesor Immanuel Wallerstein sobre los ciclos y el funcionamiento de los Sistemas Mundo, para seguir observando el inevitable declinamiento del viejo SMO y entrar a jugar en las Grande Ligas del Capitalismo.
El momento fue cuando, tras la desaparición de la Unión Soviética en 1991, los súper capitalistas industriales y financieros del “Deep State” comenzaron a planificar una nueva expansión militarista para tomar el control del Medio Oriente —el puente hacia Eurasia y de allí los territorios fragmentados de la ex URSS— pero tenían que reordenar su economía interna para trasladar los recursos de la producción industrial doméstica al sector industrial-militar y de seguridad. Es entonces que —así como lo hicieron parcialmente con los Tigres Asiáticos en la década de los 1980— las grandes industrias estadounidenses decidieron trasladar sus capacidades productivas a China —el último bastión de los territorios de la “periferia” del SMO.
Ese fue un momento cuasi mágico para China y para el cual se había estado preparando tras las reformas internas implementadas por Deng Xiaoping, quien tomó el poder en 1978, tras la muerte de Mao, y los cambios progresivos hacia una apertura al capitalismo que implementaron sus sucesores. Además fue un momento histórico clave porque aparecieron los grandes avances científicos y tecnológicos —como la manipulación genética para mejorar la producción de alimentos y animales de consumo humano, el Internet, el desarrollo de la Inteligencia artificial y posteriormente las computadoras cuánticas— con los cuales China hizo realidad el sueño que tuvo Sun Yat-Sen ocho décadas atrás: construir una “gran civilización material”.
Otro detalle más, China también se preparó para ser unos de los “actores”, sino el principal, en participar en la transición hacia un NSM, como lo puntualizó el profesor Wallerstein en marzo del 2001: «Qué es lo que este nuevo orden será, y cuándo se estabilizará, es algo imposible de predecir, pero también es algo que se encuentra fuertemente impactado por las acciones de todos los actores que participan en toda esta transición. Y es exactamente la situación en la que estamos ahora».
Entonces, no es nada casual que justamente, en diciembre del mismo año, China se unió a la Organización Mundial de Comercio y, desde entonces, emprendió su híper-desarrollo económico —nunca antes visto en la historia de la humanidad— que lo ha llevado en encumbrarse como la mayor superpotencia industrial y comercial del mundo, en su propia sabiduría.

Una mezcla de sabidurías
Y es aquí donde debemos entender que, después de todo, la civilización china no es ajena a un Imperio comercial en sus 5,000 años de historia. He ahí por qué “Un pequeño saber no puede equipararse a uno grande. Ni una corta vida a una larga existencia”.
Es más, si logramos entender este proceso, de un viejo sistema mundo a uno nuevo, podemos discernir que la olvidada sabiduría occidental —«Al principio unimos, después corrompemos, disolvemos lo que ha sido corrompido, purificamos lo que ha sido disuelto, reunimos lo que ha sido purificado y lo solidificamos. De esa forma… todo deviene en uno»— parece haber sido absorbida con sapiencia por la sabiduría de la civilización oriental.
Como Mao dijo en 1958: “Entre otras características de la población de seiscientos millones de China, se destaca su pobreza y desnudez. Esta parece una cosa mala, pero en realidad es buena. La pobreza impulsa el anhelo de cambio, de acción, de revolución. En una hoja de papel en blanco, desnuda, se pueden escribir las palabras más nuevas y hermosas y pintar los cuadros más originales y bellos”.
Dos décadas después, tras haber pasado lo horrores del comunismo maoísta, sobre esa “hoja en blanco”, ellos comenzaron a trazar su propio capitalismo.

El cáncer del imperialismo militar
Pero el momentum para China también tuvo que ver con otro fenómeno citado líneas arriba: La arrogancia imperial militarista, el cáncer que ha llevado al desplome económico, social y moral de EE.UU.
Podemos referirnos a centenares de fuentes para explicar en detalle cómo fue se expandió esta metástasis, pero nos remitiremos al libro de Chalmers Johnson, “Los Pesares del Imperio: Militarismo, Secretismo y el Fin de la República”, publicado en 2004, para explica en forma magistralmente sucinta el proceso:
“Cuando la Unión Soviética colapsó en 1991, y con ella el fundamento de las políticas de contención estadounidenses, nuestros líderes se habían acostumbrado tanto a dominar a la mitad del globo, que la idea de abandonarlo era inconcebible. Muchos estadounidenses simplemente concluyeron que habían ‘ganado’ la Guerra Fría y, por lo tanto, merecían los frutos imperiales de la victoria”.
“En la primera década posterior a la Guerra Fría (1992-2001), montamos muchas acciones para perpetuar y extender nuestro poder global, incluidas las guerras y las intervenciones ‘humanitarias’ en Panamá, el Golfo Pérsico, Somalia, Haití, Bosnia, Colombia y Serbia, mientras manteníamos sin cambios nuestros despliegues de la Guerra Fría en Asia Oriental y el Pacífico. A los ojos de su propia gente, Estados Unidos permaneció en el peor de los casos como un imperio informal. Después de todo, no tenía colonias y sus fuerzas militares masivas se desplegaron en todo el mundo solo para mantener la ‘estabilidad’ o garantizar la ‘seguridad mutua’ o promover un orden mundial liberal basado en elecciones libres y ‘mercados abiertos’ al estilo estadounidense”.
“A los estadounidenses les gusta decir que el mundo cambió como resultado de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 en el World Trade Center y el Pentágono. Sería más exacto decir que los ataques produjeron un cambio peligroso en el pensamiento de algunos de nuestros líderes, que comenzaron a ver a nuestra república como un verdadero imperio, una nueva Roma, el coloso más grande de la historia, que ya no está sujeto al derecho internacional, a las consternaciones de los aliados o a cualquier restricción sobre su uso de la fuerza militar”.

La corrupción vestida de patriotismo
Es en este contexto histórico donde uno debe entender porque, desde el 2003 al presente, el “Deep State” utilizó el plan del Nuevo Siglo Americano de los neoconservadores de Washington, para expandir su Imperio, tomar el control de Oriente Medio y tender el puente de la conquista de Eurasia, como lo detalló el geoestratega Zbigniew Brzezinski, que recurrió a la geopolítica de Mackinder y la reconvirtió en la principal estrategia para permitir que EE.UU. siga siendo la única superpotencia tras el colapso de la Unión Soviética.
En un artículo escrito para Foreign Affairs, en septiembre de 1997, Brzezinski lo reveló así: “A corto plazo, los Estados Unidos deberían consolidar y perpetuar el pluralismo geopolítico prevaleciente en el mapa de Eurasia… el supercontinente axial del mundo. Una potencia que domine a Eurasia ejercería una influencia decisiva sobre dos de las tres regiones económicamente más productivas del mundo, Europa Occidental y Asia Oriental”.
Ni que decir que, irónicamente, alertó a China y Rusia sobre el futuro que podían tener sí dejaban su destino en manos de la, por entonces, superpotencia global.

$21 Trillones de dólares extraviados
Sin embargo la neo política imperial militarista fue un error histórico monumental, como lo remarcó Johnson al escribir: “Bush y el Pentágono están llevando a la bancarrota a la nación, desmantelando la Constitución y llevándonos por el camino hacia una guerra sin fin”, y advertir que Estados Unidos, por entonces, ya estaba afligido con la misma “esclerosis económica de la antigua URSS”.
Y la “esclerosis económica” fue agravada muy seriamente desde que el otro propósito de las guerras imperiales en Oriento Medio fue privatizar, aún más, las ganancias del multimillonario presupuesto anual administrados por el Pentágono que —como cualquier sociedad cae en las debilidades humanas— desató una voraz corrupción, vestida de patriotismo, de una escala inimaginable en la historia de los imperios.
Como argumento basta citar que, desde 1998 hasta el 2016, el Pentágono en complicidad con el Departamento de Vivienda han extraviado ¡¡$21 Millones de Millones!!, sin que las “autoridades” hayan entregado pruebas contables de en qué se gastó ese dinero, como lo revelaron Mark Skidmore, un profesor de economía en la Michigan State University, y Laurence Kotlikoff, profesor de economía en la Universidad de Boston, miembro de la American Academy.
Y ¿en qué se gastaron esos trillones de dólares en la era que EE.UU. comenzó abiertamente a extender sus alas imperiales? Es una pregunta que, ojala, algún deba de responderse, o tal vez quede sepultada bajos los escombros del Imperio en decadencia. Aunque no es menos díscolo pensar que una buena parte de ese capital podría ser invertida en el NSME —porque donde huelen dinero, allí van los supercapitalistas.

Semillas orientales sobre la tierra arrasada

“Uno que quiere vengarse del otro no se desfoga haciendo pedazos la espada que le ha herido. Por más iracundo que sea, no se irrita contra el cascote de la teja que le ha caído encima. Esta es la manera de pacificar el mundo y de suprimir los desórdenes de las guerras, los castigos y las penas de muerte. No interpretando la naturaleza, tal cual es el hombre, sino tal cual es el Cielo. Interpretándola como es en el Cielo, es como nace la Virtud, e interpretándola como es en el hombre, nacen todos los males. El hombre que no se hastía de su naturaleza, hecha por el Cielo, y no se ofusca con lo humano, está muy cerca de su verdad (de su autenticidad)”. Chuang Tzu

La sabiduría de Chuang Tzu, un pensador chino que vivió 4 siglos AC, puede ayudarnos a comprender porque allí donde el Imperio Militar del SMO aplicó sus tácticas de “tierra arrasada” —practicadas en Vietnam y en Centroamérica en los 1980’s, o la invasión y/o destrucción de siete naciones en Oriente Medio en el Siglo XXI— y su Capitalismo Financiero Parasitario ha mantenido como rehenes a la mayoría de las naciones del mundo, es un terreno donde China está haciendo lo opuesto.

Con su Capitalismo de Desarrollo Tecnológico y Comercial, y ya consolidada como una potencia económica, financiera, comercial y militar emergente —en la alianza de Rusia, otra potencia militar y geo energética, de la cual hablaremos en otros artículos— aparece en la historia como el reinventor del Capitalismo más humano, y con una influencia que muy probablemente sea de gran alcance, no sólo económica, sino también política y cultural, “tan grande como el de Estados Unidos durante el último siglo, o probablemente mucho mayor”.
En otras palabras, el guerrero sabio no atacó al enemigo, sino que miró desde un lugar seguro el incendio que éste causaba en la orilla opuesta y, en el momento histórico preciso, acudió al rescate de los países olvidados de la periferia —en el mapa del Sistema Mundo Capitalista—, para poner en marcha la construcción de su propio Sistema Mundo, teniendo como base un Súper Continente Euroasiático, como lo temió Mackinder hace 115 años, porque, otra vez, “Un pequeño saber no puede equipararse a uno grande. Ni una corta vida a una larga existencia”.
Pero la creación de un NSM requiere, por sobre todo, una real independencia. En un sistema capitalista, además de independencia industrial y energética, la independencia monetaria y financiera es fundamental. ¿Por qué? Una respuesta certera viene a continuación.

La liberación del calamar-vampiro
Una de las razones fundamentales del porqué Eurasia se ha encaminado a la construcción de su propio Sistema Mundo es para no seguir dejando que el gran mal del imperio monetario y financiero el SMO, prosiga como “un gran calamar vampiro envuelto alrededor de la cara de la humanidad, inyectando implacablemente sus tentáculos para extraer la sangre en cualquier cosa que huele a dinero”, según el autor estadounidense Matt Taibbi.
Entonces, lo que aquí está en juego es liberación de la esclavitud monetaria y financiera que Estados Unidos ha impuesto sobre el resto del mundo en los últimos 70 años, a través del dólar y el petrodólar, como lo explicó certeramente el economista Michael Hudson, cuando en el 2010 escribió:
“¿Qué detendrá a los bancos norteamericanos y a sus clientes de crear 1 billón, 10 billones o aun 50 billones de dólares en sus pantallas de ordenador, a fin de comprar todos los bonos y todas las acciones del mundo, junto con las tierras y otros activos en venta, en la esperanza de lograr ganancias de capital y embolsarse los diferenciales de arbitraje en el desapalancamiento de la deuda a menos de un 1% de coste de intereses? Tal es el juego que está jugándose ahora mismo”.
“Las finanzas son la nueva forma de conducir la guerra: sin los costos dimanantes de gastos militares y ocupación de territorio hostil. A lo que estamos asistiendo es a una competición por la creación de crédito valedero comprar en el extranjero recursos exteriores, bienes raíces, infraestructura pública y privada, bonos y acciones de propiedad de empresas. ¿Quién necesita un ejército, cuando puedes lograr los objetivos habituales (apropiación de riqueza crematística y de activos) sirviéndote sencillamente de medios financieros?”.
Así que no se necesita ser un experto en economía para entender por qué Eurasia y/o cualquier país que realmente quiera liberarse del yugo financiero del viejo SMO, y ser parte de un sistema diferente, donde pueda obtener una mayor libertad, puede intentar subirse al nuevo tren bala del NSME, como lo han hecho recientemente varias potencias Europeas como Italia, Francia y Alemania, que no es poco decir, como se reporta en otros artículos publicados en esta página.

El Sistema Mundo de la Colonización Mental
Pero tampoco nos equivoquemos en entender que el fin del SMO implicará su desaparición. Lo más plausible es que ya —además de las guerras financieras y militares que interpondrá ante China y Rusia— el viejo SMO se ha reconvertido en un Nuevo Sistema paralelo, pero no esencialmente de carácter geopolítico, geoeconómico, o geo financiero, sino más bien del orden mental porque, como dijo un sabio de la antigüedad, Todo es Mente —y con la mente controlada se puede mantener el poder.
Y de lo que hablamos es del Nuevo Sistema Mundo de la Colonización Mental (NSMCM) —como ya lo preveía Giovani Sartori en su obra “Homo Videns— que nos está llevando a un Neo Feudalismo Mental donde las grandes masas, en particular las nuevas generaciones, incapaces de poder obtener siquiera la misma riqueza material que tuvieron sus padres, están siendo manipuladas para obtener sus “satisfacciones” —de lo real a lo virtual— a través de la Neo Caverna de Platón, las redes sociales, como lo han advertido varios autores y que Charles Hugh Smith lo decanta en “¿La redes sociales como el reemplazo de la movilidad social?”.
En este escenario orwelliano recargado, las nuevas generaciones deben tener en claro de cómo la falta de comprensión y entendimiento del NSMCM, los está llevando a no entender la verdad, como lo señala puntualmente Paul Craig Roberts:
“Además de la creciente censura, he notado entre las generaciones más jóvenes la desaparición del concepto mismo de verdad objetiva. Ven la verdad como la mera expresión de algún interés de identidad. Hay verdades raciales, verdades de género, verdades de preferencia sexual y, aparentemente, verdades según la edad. Los más jóvenes, o muchos de ellos, no pueden distinguir entre una explicación y una justificación. Si les explicas algo, ellos creen que lo estás defendiendo o respaldando, y esa es tu creencia. En otras palabras, la comunicación sobre la base de los hechos y la explicación lógica se vuelve imposible”.
Es por todo esto, y mucho más que aún queda por decir, que también dedicaremos un espacio preferencial en esta página a desglosar el NSMCM, como un hecho que es tan real como nuestra propia existencia y que aparece graficado simbólicamente en el logo de nuestra página.

Viejas y nuevas concepciones
Ahora bien, en el análisis de esta era de transición caótica hacia uno o varios NSMs, y no simplemente de un Novus Ordo Orbis, es importante precisar que muchas de las concepciones que se daban por sentado en el viejo SMO y que aún se creen válidas —como la democracia, las libertades personales, o las naciones-estado— han virtualmente desaparecido o apenas son el remedo de una idea y —aunque la afirmación parezca radical— no son más que una virtualidad al estilo de la Neo Carverna de Platón, donde la gente, a través de las redes sociales, cree que es participe de los cambios, cuando en verdad solo le han dado la capacidad de proyectar sus propias sombras sin sustancia, para creer —en su mente colonizada y en su ego— que tiene un poder, un poder tan ilusorio porque es la versión recargada del Homo Videns, “el hombre que ve, pero no entiende lo que ve”, donde la gente es parte de esas masas de esclavos modernos y felices, como en la novela de Aldous Huxley, y cuya participación en las decisiones de cómo es la vida de una persona desde que nace, es virtualmente nula y queda reducida a ser un mero soldado obediente al sistema.
Y las naciones “libres y democráticas” no son más que estados vasallos feudales de las ciudades-mundo —un concepto prestado del historiador Ferdinand Braudel, y que debemos actualizarlo —como Nueva York, Washington, D.C., Silicon Valley, o la City of London— donde se asientan las Corporaciones-Mundo, otro concepto a desarrollar y que comprenden a las megaempresas que controlan nuestro modo de vida. Y esto no es nada nuevo. La idea primigenia fue expuesta hace más de 90 años por Edward Bernays, en su libro Propaganda, donde escribió: «La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas, es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país. Quienes nos gobiernan, moldean nuestras mentes, definen nuestros gustos o nos sugieren nuestras ideas son en gran medida personas de las que nunca hemos oído hablar».
O el caso de las supuestas naciones-estado que, desde la ola del neo-liberalismo desde 1980, han sido virtualmente destruidas en sus instituciones internas, a través del cáncer de la corrupción, magistralmente implementado por los Amos Financieros del Mundo, que hoy en día han hecho que esas “naciones” sean feudos controlados por el capital extranjero y “gobernados” —un eufemismo— por mafias políticas que, a su vez, son controlados por la élites económicas y financiera locales que, a la misma vez, son simples operativos y administradores de los Amos del Mundo.

El mundo como un ajedrez multidimensional

«Vivimos en una telaraña infinita de engaños, muchas veces autoengaños, de la que sin embargo nos podemos librar con un pequeño esfuerzo. Si así lo hacemos, veremos un mundo bastante diferente al que nos presentan a través de un sistema ideológico de notable efectividad, un mundo mucho más espantoso y, a menudo, espeluznante».

Noam Chomsky, La Quinta Libertad.

¿Cómo comprender el periodo caótico de transición de un viejo sistema mundo a uno nuevo?
Quizá el mejor consejo, desde mi propio entendimiento, es ver el mundo como un enorme tablero de ajedrez, donde cada país es un casillero y cada región un sector, donde el juego tiene la peculiaridad de ser multidimensional y extremadamente complejo, en sus elucubraciones geoestratégicas, geopolíticas y geoeconómicas. En cada casilla y en cada sector hay un juego muy peculiar, pero enlazado con las otras partidas. En otras palabras, cada información, noticia, análisis o reportaje que usted lea en esta página, le puede ayudar a comprender cómo se realiza este complejo juego entre Estados Unidos y el dúo China-Rusia, y ver el gran mosaico de lo que está sucediendo en este momento histórico de la humanidad y que definirá el Siglo XXI y posiblemente los siglos por venir.
Como escribió Goethe: “Los acontecimientos venideros proyectan su sombra por anticipado”. Estamos a la vanguardia.

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