El gran juego geopolítico y geoeconómico bajo las sombras para el Renacimiento de Eurasia

Así como los grandes maestros de ajedrez que disputan un título mundial, elaborando en su laboratorio secreto —con sus mejores equipos de analistas y consejeros— las novedades, estrategias y planes a implementar en un largo encuentro, China, Rusia y Alemania —en el gran tablero de la geopolítica global— están elaborando la alianza definitiva con miras a configurar el Renacimiento de Eurasia —o como nosotros hemos llamado en nuestro portal: El Nuevo Sistema Mundo Eurasiático.
Por Pepe Escobar
Hemos visto cómo China está planificando meticulosamente todos sus movimientos geopolíticos y geoeconómicos cruciales hasta el 2030 y más allá.
Lo que está a punto de leer a continuación proviene de una serie de debates multilaterales privados entre analistas de inteligencia, y puede ayudar a diseñar los contornos del panorama general.
En China, está claro que el camino a seguir apunta a impulsar la demanda interna y cambiar la política monetaria hacia la creación de crédito, para consolidar la construcción de industrias nacionales de reconocimiento mundial.
Paralelamente, hay un debate serio en Moscú de que Rusia debe seguir el mismo camino. Como dice un analista, “Rusia no debería importar nada más que las tecnologías que necesita hasta que pueda crearlas por sí misma y exportar solo el petróleo y el gas necesarios para pagar las importaciones que deberían estar severamente restringidas. China todavía necesita recursos naturales, lo que convierte a Rusia y China en aliados únicos. Una nación debería ser lo más autosuficiente posible”.
Eso refleja la estrategia exacta del PCCh, como la delineó el presidente Xi en su reunión del Comité Central del 31 de julio.
Y eso también va en contra de una fuerte ala neoliberal en el PCCh —¿colaboracionistas atlantistas?— quienes sueñan con una conversión del partido a la socialdemocracia occidental, además de subordinada a los intereses del capital occidental.

Un Ferrari vs. un Toyota Camry
Comparar la velocidad económica actual de China con la de EE.UU., es como comparar un Maserati Gran Turismo Sport (con un motor V8 Ferrari) con un Toyota Camry. China, proporcionalmente, tiene una reserva más grande de generaciones jóvenes muy bien educadas; una migración rural-urbana acelerada; una mayor erradicación de la pobreza; más ahorros; un sentido cultural de gratificación diferida; una sociedad más —Confucianista— disciplinada y que tiene, infinitamente, más respeto por la mente educada racionalmente. El creciente proceso comercial de China consigo misma (de 1,400 millones de habitantes), será más que suficiente para mantener el impulso necesario de desarrollo sostenible.

El pájaro demente sobre el tablero
Mientras tanto, en el frente geopolítico, el consenso en Moscú —desde el Kremlin hasta el Ministerio de Relaciones Exteriores— es que el régimen de Trump no es “capaz de llegar a un acuerdo”, un eufemismo diplomático que se refiere a (los funcionarios y políticos del régimen de Washington como) un grupo de mentirosos de facto; y que tampoco tienen la “capacidad legal”, un eufemismo que se aplica, por ejemplo, al cabildeo por las matonescas sanciones cuando Trump ya abandonó el JCPOA (Joint Comprehensive Plan of Action, el acuerdo nuclear con Irán).
El presidente Putin ya ha dicho en el pasado reciente que negociar con el equipo Trump es como jugar al ajedrez con una paloma: El pájaro demente camina por todo el tablero de ajedrez, se caga indiscriminadamente en cualquier lugar, derriba las piezas, declara que ha ganado y luego huye.
Por el contrario, en los niveles más altos del gobierno ruso se invierten en un cabildeo serio para consolidar la alianza euroasiática definitiva, que unirá a Alemania, Rusia y China.
Pero eso solo se aplicaría a Alemania después de Merkel. Según un analista estadounidense, “lo único que frena a Alemania es que pueden esperar perder sus exportaciones de automóviles a EE. UU. y más, pero yo les dije que eso puede suceder de inmediato debido al tipo de cambio dólar-euro, con el euro cada vez más caro”.

El factor de los misiles hipersónicos
En el frente nuclear, y yendo mucho más allá del drama actual en Bielorrusia —ya que no habrá una Maidan en Minsk— Moscú ha dejado muy claro, en términos inequívocos, que cualquier ataque con misiles de la OTAN se interpretará como un ataque nuclear.
El sistema de misiles defensivos ruso —incluidos los S-500 ya probados y pronto los S-600 ya diseñados— posiblemente sean 99% efectivo. Eso significa que Rusia todavía tendría que absorber algún castigo. Y es por eso que Rusia ha construido una extensa red de refugios nucleares en las grandes ciudades, para proteger al menos a 40 millones de personas.
Los analistas rusos interpretan el enfoque defensivo de China en la misma línea. Beijing querrá desarrollar —si aún no lo ha hecho— un escudo defensivo y aún conservar la capacidad de contraatacar a un ataque estadounidense con misiles nucleares.
Los mejores analistas rusos, como Andrei Martyanov, saben que las tres armas principales de una supuesta próxima guerra serán misiles y submarinos ofensivos y defensivos combinados, con capacidades de guerra cibernética.
El arma clave hoy en día —y los chinos lo entienden muy claramente— son los submarinos nucleares. Los rusos están observando cómo China está construyendo su flota de submarinos —con misiles hipersónicos— más rápido que EE.UU. Las flotas de superficie de EE.UU. están obsoletas. Una manada de lobos-submarinos chinos puede derribar fácilmente a un portaaviones. Esos 11 portaaviones estadounidenses no tienen ningún valor.
Entonces, en el —horrible— caso de que los mares se vuelvan imposibles de navegar en una guerra, con Estados Unidos, Rusia y China bloqueando todo el tráfico comercial, esa es la razón estratégica clave que empuja a China a obtener la mayor parte de sus recursos naturales por tierra desde Rusia.
Incluso si los oleoductos son bombardeados, pueden repararse en poco tiempo. De ahí la importancia suprema para China del Power of Siberia —así como la vertiginosa variedad de proyectos de Gazprom.

El factor del Estrecho de Ormuz
Un secreto muy bien guardado en Moscú es que, justo después de las sanciones alemanas impuestas en relación con Ucrania, un importante operador energético mundial se acercó a Rusia con una oferta, para desviar a China no menos de 7 millones de barriles de petróleo por día más gas natural. Pase lo que pase, la sorprendente propuesta todavía está sobre la mesa de Shmal Gannadiy, un importante asesor de petróleo / gas del presidente Putin.
En el caso de que eso ocurriera, le aseguraría a China todos los recursos naturales que necesita de Rusia. Bajo esta hipótesis, el razonamiento ruso sería eludir las sanciones alemanas cambiando sus exportaciones de petróleo a China, que desde el punto de vista ruso está más avanzada en tecnología de consumo que Alemania.
Por supuesto, todo esto cambió con la inminente conclusión del Nord Stream 2, a pesar de que el Equipo Trump no tomó prisioneros para sancionar a todos los que estaban a la vista.
Las discusiones secretas de inteligencia dejaron muy claro a los industriales alemanes que, si Alemania alguna vez perdiera su fuente rusa de petróleo y gas natural, junto con el Estrecho de Ormuz cerrado por Irán, en caso de un ataque estadounidense, la economía alemana podría simplemente colapsar.

¿Una sorpresa de Trump en octubre?
Hubo serias discusiones de los servicios de inteligencia entre varios países, sobre la posibilidad de una sorpresa de octubre patrocinada por EE.UU., que involucre un ataque de bandera falsa para culpar a Irán. La “máxima presión” del equipo Trump sobre Irán no tiene absolutamente nada que ver con el JCPOA. Lo que importa es que, incluso indirectamente, la asociación estratégica Rusia-China ha dejado muy claro que Teherán estará protegido como un activo estratégico —y como un nodo clave de la integración de Eurasia.
Las consideraciones cruzadas de los servicios de inteligencia se centran en un escenario que supone un colapso —bastante improbable— del gobierno de Teherán. Lo primero que haría Washington en este caso es apagar el interruptor del sistema de compensación SWIFT. El objetivo sería aplastar la economía rusa. Es por eso que Rusia y China están aumentando activamente la fusión de los sistemas de pago ruso Mir y CHIPS de China, además de eludir el dólar estadounidense en el comercio bilateral.
En Beijing ya se ha ensayado que, sí ese escenario llegara a ocurrir, China podría perder a sus dos aliados clave en un solo movimiento, y luego tendría que enfrentarse a Washington solo, todavía en una etapa de no poder asegurarse por sí misma todo los recursos naturales necesarios. Eso sería una verdadera amenaza existencial. Y eso explica la lógica detrás de la creciente interconexión de la asociación estratégica sino-rusa más el acuerdo China-Irán de $400 mil millones y 25 años de duración.

Bismarck está de vuelta
Otro posible acuerdo secreto ya discutido al más alto nivel de inteligencia, es la posibilidad de que se establezca un Tratado de Reaseguro Bismarckiano entre Alemania y Rusia. La consecuencia inevitable sería una alianza de facto Berlín-Moscú-Pekín, que abarque la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), junto con la creación de una nueva Moneda euroasiática —¿digital?— para toda la alianza euroasiática, incluidos los actores importantes pero periféricos como Francia e Italia.
Bueno, Beijing-Moscú ya está en marcha. Berlín-Beijing es un trabajo en progreso. El eslabón perdido es Berlín-Moscú.
Eso representaría no solo la máxima pesadilla para las élites angloamericanas empapadas de Mackinder, sino, de hecho, el paso definitivo de la antorcha geopolítica de los imperios marítimos al corazón de Eurasia.
Ya no es una ficción. Esto está sobre la mesa.

La paradoja del Covid como un Renacimiento
Y ahora hagamos un pequeño viaje en el tiempo y regresemos al año 1348.
La Horda Dorada de los Mongoles está en Crimea, asediando Kaffa —un puerto comercial en el Mar Negro controlado por los genoveses.
De repente, el ejército mongol es consumido por la peste bubónica.
Empiezan a catapultar cadáveres contaminados sobre las murallas de la ciudad de Crimea.
Así que imagine lo que sucedió cuando los barcos comenzaron a navegar nuevamente desde Kaffa a Génova.
Transportaron la plaga a Italia.
En 1360, la Peste Negra estaba literalmente por todas partes —desde Lisboa hasta Novgorod, desde Sicilia hasta Noruega. Es posible que haya muerto hasta el 60% de la población europea —más de 100 millones de personas.
Se puede argumentar que el Renacimiento, debido a la peste, se retrasó un siglo entero.
El Covid-19, por supuesto, está lejos de ser una plaga medieval. Pero es justo preguntar.
¿Qué Renacimiento podría estarse retrasando?
Bueno, en realidad bien podría —paradójicamente— estar avanzando el Renacimiento de Eurasia. Está sucediendo justo cuando el Hegemón, el antiguo “Fin de la historia” (¡Ahora en su propio fin!), está implosionando internamente, “distraído de la distracción por la distracción”, para citar a T.S. Eliot. Detrás de la niebla, en los mejores campos de juego bajo las sombras, los movimientos vitales para reorganizar la masa terrestre de Eurasia ya están en marcha.

Pepe Escobar es un analista geopolítico independiente, escritor y periodista. Escribe para The Roving Eye, Asia Times Online, y trabaja como analista para RT, Sputnik News y Press TV. Anteriormente trabajó para Al Jazeera.

El artículo fue publicado originalmente en https://asiatimes.com/2020/08/definitive-eurasian-alliance-is-closer-than-you-think/ y republicado en https://thesaker.is/shadowplay-revisited-how-eurasia-is-being-reshaped/ de donde se hizo la traducción al español.
Traducción: A. Mondragón

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