La “confesión” de Elon Musk en el golpe boliviano y la privatización del caos global

Por Stephen Karganovic
Un comentario reciente de uno de los oligarcas de Estados Unidos, apunta hacia una nueva metodología para socavar lo que queda del derecho y el orden internacionales. Hablando en serio o en broma, nadie lo sabe realmente, pero el dinero inteligente ciertamente apostaría por lo primero cuando Elon Musk, el magnate de los autos eléctricos Tesla, tuiteó descaradamente el 24 de julio: “Nosotros golpearemos a quien queramos. ¡Lidiaremos con eso!“, en referencia al golpe militar que derrocó al presidente boliviano Evo Morales, en noviembre del 2019.
Hay, por supuesto, espacio para una plausible negabilidad aquí, porque Musk, en principio, estaba respondiendo a otro tweet por su crítica al gobierno de los Estados Unidos por un nuevo paquete de estímulo para los ciudadanos estadounidenses, diciendo que “no es en el mejor interés de la gente”. Tras lo cual un usuario de Twitter, identificado como Armani, le respondió: “¿Tu sabes que no fue en el mejor interés de la gente? el golpe organizado por el gobierno de EE.UU. contra Evo Morales en Bolivia, para que tú puedas obtener el litio de allí”.

Intereses de Musk en el litio
La descara respuesta de Musk, “Nosotros golpearemos a quien queramos”, podría interpretarse teóricamente no como una confesión personal de responsabilidad por el hecho cobarde, sino como una expresión fiel de apoyo de un buen ciudadano a la política exterior de su país. Hablando caritativamente, tal lectura es posible.
Sin embargo, hablando de manera más realista, Musk, aunque asociado en la mente del público con un diseñador pionero de los autos eléctricos, de hecho tenía un interés muy vital en la operación de cambio de régimen boliviano. En pocas palabras, los autos eléctricos funcionan con baterías de litio, y Bolivia resulta ser uno de los principales proveedores de ese mineral. Sin litio, no hay Tesla o cualquier otro vehículo eléctrico.

La candidez de Evo Morales
Para completar algunos espacios en blanco más, también sucede que solo unas semanas antes del golpe de estado en noviembre del 2019, el presidente Morales emitió un decreto que, esencialmente, nacionalizaba la riqueza mineral de Bolivia, incluidos los depósitos de litio. Los observadores de Bolivia, por supuesto, podrían verlo venir desde hace tiempo. El presidente, políticamente cándido, reveló su audaz plan de juego para empoderar al pueblo boliviano de disfrutar los beneficios de la riqueza de su país dos años antes.
Simplemente lea y llore ante su ingenuidad: “El presidente boliviano, Evo Morales, ve un futuro próspero para su empobrecida nación sudamericana, fijando sus esperanzas en el rápido aumento del precio global de este valioso recurso. “Desarrollaremos una gran industria del litio, ya se han puesto a disposición más de $ 800 millones“, dijo Morales a la agencia de noticias alemana DPA”, en el 2017.

Notificación a los chacales
Por lo tanto, los chacales fueron notificados ya en el 2017. Los “pecados” de Morales fueron lo suficientemente numerosos y de todos modos habría sido objetivo de su eliminación, incluso si no hubiera antagonizado con el cartel de litio, al anunciar el ambicioso proyecto para extraer —y negociar— un precio justo del mineral. Pero ahora al menos hemos establecido que Elon Musk y sus agentes locales, “muy probablemente”, no fueron observadores neutrales, mientras se realizaban los preparativos para el golpe. Musk puede haber hecho su comentario de “podemos golpear a quien queramos” como un ciudadano leal, que apoya los intereses hemisféricos de su país, pero claramente también tenía intereses financieros significativos propios en esta controversia.
De hecho, la competencia entre el individuo con el nombre de Elon Musk y el país de Bolivia fue cualquier cosa menos el “juego con reglas imparciales”, en el que la noble diplomacia estadounidense insistió en Bosnia mientras su equipo local estaba perdiendo. La riqueza personal de Musk de $68 mil millones contrasta bastante notablemente con el PNB de Bolivia de $40.58 mil millones en el 2019. En pocas palabras, el oligarca estadounidense podría comprar Bolivia y sobrarle muchos miles de millones. Pero, ¿por qué comprarlo si puede organizar un golpe mucho más barato, poner a su gente a cargo y luego poseerlo, incluido el litio? Ese es un plan de negocios mucho más barato.

Decadencia del sistema legal
El ingenuo sueño del presidente Morales, de que “las enormes reservas de Bolivia que proporcionan una ganancia inesperada para el país, lo que le permite generar riqueza y difundir la prosperidad entre su población indigente”, fue claramente un fracaso en algunos círculos influyentes y fascista del golpe del año pasado y, al menos, ponerle fin temporalmente.
La posibilidad genuina de que un hombre muy rico, con un enorme interés pecuniario, haya concentrado sus recursos para derrocar al gobierno legítimo de un estado miembro de las Naciones Unidas y se haya salido con la suya, incluso jactándose retrospectivamente de su logro, debería ser impactante. La ligereza con la que se publicó el comentario revelador de Musk, refleja plenamente la decadencia del sistema legal internacional. O, para ser más precisos, muestra la evaporación aparentemente total de lo que Iván Ilyin llamó la “conciencia legal”, que incorpora las normas fundamentales que limitan el comportamiento depredador y sociopático en todos los niveles, entre estados y entre individuos, así como entre individuos enormemente poderosos y estados relativamente débiles, como en el ejemplo boliviano que estamos citando.

Hay varios otros ejemplos
El ejemplo boliviano, sin embargo, está lejos de ser aislado. La sustitución intencional en la conducta de la política exterior de los particulares, por personal del gobierno, se remonta al menos a la Operación Tormenta croata en agosto de 1995. Eso fue manejado desde las sombras por el MPRI (Military Professional Resources Inc.), una asociación privada de oficiales militares retirados con sede en Washington, D.C., que alquilan su experiencia y conocimientos (incluido el asesoramiento doctrinal, la planificación de escenarios y la inteligencia satelital del gobierno de EE.UU.) a los aliados estratégicos de la OTAN en apuros. El MPRI de 1995 arregló el asalto militar croata, orquestado con la negación plausible total del Pentágono y la Casa Blanca, que resultó en miles de víctimas civiles serbias y la expulsión de 250,000 habitantes serbios de la región de Krajina, protegida por la ONU.
Para una ilustración más reciente del mismo principio en marcha, no busque más allá de la invasión privatizada de Venezuela, subcontratada en mayo del 2020, con el objetivo de apoderarse físicamente de su liderazgo y reemplazarlo con títeres flexibles agrupados en torno al autoproclamado “presidente” Juan Guaidó.

Oligarcas de la “nueva normalidad”
¿Estamos viendo una tendencia, o una “nueva normalidad”, para tomar prestada una frase del vocabulario actual de la pandemia, en el dominio de las relaciones internacionales? Parece que sí. Los pioneros de esta nueva y descarada farsa son oligarcas acaudalados con agendas políticas letales, que van mucho más allá de las actividades posiblemente excusables para los miembros de su clase, como acumular más riqueza. Me vienen a la mente de inmediato Soros (y sus revoluciones de color) y Gates (imposición global de vacunas inseguras y reducción de la población). Con su admisión en la participación en el golpe de estado boliviano ¿se nos ha revelado a otro “filántropo”, Elon Musk, cuyas “obras de beneficencia” también debemos sufrir y temer en el futuro?

Nota del Traductor: En realidad, la “nueva normalidad” de intereses privados en los golpes de estado patrocinados por Washington, ya alcanzó la edad de la jubilación. En 1954, la United Fruits Company, una corporación de EE.UU. —donde el entonces jefe de la CIA Allen Dulles y su hermano el Secretario de Estado John Foster Dulles tenían acciones— vio sus intereses en riesgo en Guatemala, con la elección del presidente Jacobo Árbenz, tras lo cual el gobierno estadounidense organizó un golpe militar que lo derrocó. Y de hecho hay muchos otros ejemplos más.

Stephen Karganovic Presidente del Proyecto Histórico Srebrenica.

Fuente: https://www.strategic-culture.org/news/2020/08/02/the-privatization-of-global-chaos/
Traducción: A. Mondragón

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