Nord Stream 2: La Gran Jugada Geopolítica de Rusia en el NSME y la reacción de EE.UU. y sus vasallos

Luego de que China enviara a la Cábala de Washington un mensaje aterrador desde el espacio —con su satélite 6G, lanzado con el cohete La Larga Marcha 6, el pasado 6 de diciembre, causando que el ala dura del Pentágono reaccionara agriamente y retrógradamente (el pdf del reporte está aquí)— Rusia no se quedó atrás —jugando desde el mismo lado del tablero geopolítico con sus aliados asiáticos— y la semana pasada anunció la continuación, en su etapa final, de otro terrorífico proyecto contra el decadente Imperio: el gasoducto Nord Stream 2 en las profundidades del Mar Báltico (el anuncio oficial de la reanudación tuvo lugar el viernes 11 de diciembre, un día después que se publicó este artículo). Pero esto es más que una figura retórica —Desde el espacio infinito hasta las profundidades del mar— se trata en verdad de una gran jugada geopolítica de Rusia para debilitar a los estados-clientes del Imperio —que lo rodean con arsenales de misiles nucleares.

Por Alexandr Mondragón y Wilder Buleje
Primero un cuento. Dos ranas vivían en el mismo estanque. Dado que, con el calor del verano, el estanque se había secado, lo abandonaron y juntas fueron a buscar otro lugar donde vivir. En su peregrinar pasaron por una profunda fuente, con abundante agua. Al verla, una de las ranas dijo a la otra:
—Bajemos y establezcamos nuestro hogar en esta fuente, que nos brindará abrigo y alimento.
La otra rana contestó, con mayor cautela:
—Pero supongamos que el agua se agote, ¿cómo haríamos para salir de un pozo tan profundo?

No hagas nada sin considerar las consecuencias. De eso se trata cuando los verdaderos estadistas y los grandes estrategas planean el futuro energético y la “seguridad nacional”. Nunca dan nada por sentado y siempre están explorando y construyendo nuevas fuentes de energía para sus grandes revoluciones industriales y tecnológicas; así como para neutralizar y defenderse de aquellos que codician las riquezas existentes en sus posesiones territoriales. Eso es lo que Rusia está haciendo con la culminación del gasoducto Nord Stream 2.
Hace unos días el barco ruso Akademik Cherskiy salió del puerto de Mukran, en el norte de Alemania, y avanzó hacia el área del Mar Báltico donde la compañía suiza Allseas, en diciembre del 2019, dejó en suspenso los trabajos de tendido de tubos submarinos del gasoducto Nord Stream 2 —tras el bloqueo de La Casa Blanca— y ahora mismo está en posición de reiniciar ese tramo final. Más interesante aún —en una movida audaz de Rusia— esto sucede justo en el momento en que el gran opositor está en medio de una complicada transición presidencial donde es muy difícil que, en el periodo que culmina hasta la toma de posesión del nuevo presidente el 20 de enero del 2021, puedan reaccionar adecuadamente ante el contrataque ruso —más allá de repetir las cacareadas amenazas y narrativa anti rusas oídas desde hace 70 años.

Alemania se salta las sanciones
En diciembre de 2019 Donald Trump lanzó una ofensiva contra el Nord Stream 2. Logró aplazar la culminación del 10% del trazo final del gasoducto, alrededor de 160 kilómetros. Incluso comprometió al Congreso de Estados Unidos y consiguió ampliar el rango de sanciones económicas a las empresas que colaboren con el proyecto gasífero ruso-alemán —que está diseñado para transportar 55 mil millones de metros cúbicos de gas al año, mientras que el Nord Stream 1, inaugurado en el 2012, lleva esa misma cantidad de Rusia a Alemania.
Los alemanes, sin embargo, lograron saltarse las sanciones de Estados Unidos creando una firma subsidiaria para hacer de pantalla ante los embates de Washington. De acuerdo con un reciente informe publicado por el periódico germano Bild, el estado federal alemán de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, registró un Fondo de Protección Climática que cataloga al gasoducto Nord Stream 2 como “el componente más importante para la protección del medioambiente” en la finalización y puesta en marcha del mega proyecto europeo.
Así entonces, si el Akademik Cherskiy reinicia la colocación de ductos en el Mar Báltico, pondrá a prueba el entramado político-legal-militar de Estados Unidos. Y de manera simultánea someterá a un examen riguroso a Rusia, que no solo busca proteger una inversión de 10 mil millones de dólares y el suministro constante de gas a Europa, vía Alemania. De esa forma busca además contragolpear a los estados-clientes de Washington, que rodean sus fronteras y son utilizados para apuntar con misiles nucleares, como puede verse en el mapa que sigue a continuación.

Una movida de largo alcance geopolítico
Aunque a simple vista parezca un tema energético de importancia esencial —de hecho, lo es— el Nord Stream 2 también constituye una movida de largo alcance geopolítico y geoeconómico, en el avance lento pero indetenible del Nuevo Sistema Mundo Euroasiático (NSME) que impulsan China y Rusia, ahora con un socio clave e importante de Europa Occidental: Alemania unificada, tres décadas después del Fin de la Guerra Fría.
Pero hay mucho más. Si Rusia conecta el segundo ramal gasífero a Europa, a través de Alemania, en una sola movida no sólo sacará del mercado energético de ese continente a Estado Unidos. También es factible que el gasoducto socave la posición actual de Ucrania como principal ruta de tránsito del gas ruso a Europa, como lo escribió Ragul Palanisami en “The US and Nord Stream 2 Geopolitics”:
“Por lo tanto, a Estados Unidos le preocupa que el gasoducto anule la única influencia geopolítica que tiene Ucrania sobre Rusia. También se estima que Ucrania perderá más de $2 mil millones en tarifas de tránsito anuales si el gasoducto Nord Stream 2 entra en funcionamiento”. Por todas estas razones, agrega Palanisami, “varios estados, principalmente de Europa del Este, están preocupados por el aumento de la influencia rusa en Europa una vez que el proyecto del gasoducto entre en funcionamiento. El miedo es más profundo en Polonia, que en el pasado había sufrido la peor parte de la alianza ruso-alemana. Otra objeción es la pérdida de las tarifas de tránsito terrestre para países como Eslovaquia y Hungría”.
Entonces, como lo reportó el Atlantic Council, cuando el Nord Stream 2 esté terminado, “Rusia se retirará inmediatamente de su contrato de gas con Ucrania. Esto dejará a Ucrania, junto con los países de Europa Central y Oriental, a merced del Kremlin y del chantaje ruso”.
“¿Chantaje ruso?”. Bueno, viniendo de una publicación occidental es de esperarse esa narrativa, aunque eso no impide decir que, a la misma vez, es bastante hipócrita decirlo debido a los ataques que el Imperio Occidental ha sometido a Rusia en los últimos 70 años, como usted lo podrá saber más adelante.

La gran pesadilla de Mackinder
Con los gasoductos conectados desde Rusia a Alemania y el resto del continente europeo, la presión sobre la masa continental rusa podría reducirse al mínimo —como lo son las bases de misiles del Imperio colocadas en los países europeos limítrofes con Rusia como usted ya lo pudo observar más arriba— y las posibilidades de conquistar a las malas el territorio continental de la Madre Rusia se postergarán al infinito. Y es en este escenario que la profecía que el geógrafo inglés John Halford Mackinder hizo en 1904 se cumplirá, aunque de una forma opuesta a la que él imaginó —aunque no dejó de sospechar que algo así podía suceder si la “civilización china” volvía a despertar.
Para entender por qué para Rusia es clave convertir en aliados y socios a los alemanes, y apaciguar las tensiones con las principales potencias europeas occidentales y del este, debe saberse que el territorio ruso ha sido un “Objetivo geopolítico de Estados Unidos en los últimos 70 años”, como lo explica Valentin Vasilescu en un artículo del mismo título.
“Para entender lo que yace detrás de esta agresiva política exterior de Washington” contra Rusia, escribe Vasilescu, “debemos mirar a los conceptos geopolíticos. Tras la II Guerra Mundial —aunque nosotros consideramos que, incluso, desde la I Guerra Mundial— expertos en geopolítica de Washington tomaron y adaptaron el concepto geoestratégico denominado ‘Heartland Theory’, publicado en 1904 en la Sociedad Geográfica Real por Halford John Mackinder. La política exterior americana”, desde entonces, “fue construida sobre esta doctrina que desembocó en una agresión militar a escala planetaria para que ellos pusieran sus manos sobre las enormes reservas minerales —petroleras y gasíferas, debemos añadir— de Rusia”.

La Isla-Mundo de Mackinder.

Atacando a Rusia desde el “Rimland”
En este escenario, “Mackinder consideró que la estructura geográfica denominada ‘Offshore Islands’ (islas junto a las costas —occidentales y orientales de Rusia— como Inglaterra y Japón) tenían un valor geopolítico secundario. Así mismo, debido a su aislamiento, las ‘islas remotas en la periferia’ (Norte América y Australia), no tenían un valor geopolítico (en el sentido de contar con extensas cantidades de riquezas a explotar en vastas cantidades y grandes poblaciones). En cambio, Mackinder apuntó que la cuna de la civilización (la Isla-Mundo, ver el mapa que antecede al este párrafo) es la principal estructura geográfica, comprendiendo tres continentes conectados entre sí: Europa, África y Asia”.
“La cuna tiene el área más grande, es la más poblada, rica en recursos, y es altamente accesible por tierra. El núcleo de la cuna es su pivote (el Heartland, o Eurasia que, para Mackinder era esencialmente el vasto territorio continental que ocupa Rusia por más de siete siglos), donde se concentra el 60% de los recursos minerales, agua dulce, la mayoría de la tierra apropiada para la agricultura y los bosques sobre la Tierra. El problema esencial es que ese pivote coincide con el territorio de Rusia (excepto la península de Kamchatka), y Estados Unidos apunta a alcanzarla y subyugarla”, escribe Vasilescu.
Y continúa: “Los estadounidenses pueden aproximarse al pivote de la cuna de la civilización desde el Creciente Interior (Rimland, o Zona Costera, ver el mapa), que la rodea, y se compone de Europa, Norte de África, la península arábiga, India, Indochina y China. Mackinder consideró que el semicírculo de la periferia interna es barrera y frontera de la zona pivotal, y el hecho de que tras la II Guerra Mundial el estallido de conflictos militares fuera en el Creciente Interior, demuestra una disposición de Estados Unidos para acceder a los niveladores de control sobre el pivote. El interés de Washington es el de transformar a los estados periféricos del creciente interior en sirvientes obedientes… (Así) podemos ver que para lanzar la agresión militar desde este Creciente Interno, Estados Unidos concentró cientos de bases militares en ella, de tipo naval, aérea, depósitos militares y otras instalaciones militares”. Si usted compara el mapa de las bases militares de Estados Unidos alrededor de Rusia y el “Rimland” de Mackinder (ver abajo), es fácil de entenderlo.

Lo que Rusia ha pagado por defender su territorio
Entonces, la realidad es que la “teoría” de Mackinder, siguiendo los hechos acaecidos desde entonces, fue, en gran medida, la base de la historia real de la humanidad a lo largo del Siglo XX y, de hecho, lo será en el Siglo XXI en la construcción del NSME.
Como lo registra la historia, la disputa por esa amplia zona geográfica —la Eurasia de Mackinder, o el territorio continental de Rusia— impulsó una serie de eventos catastróficos para Europa en el Siglo XX: La I Guerra Mundial; la sangrienta Revolución Rusa de 1917 (13 años después que Mackinder lanzara su teoría, que enterró al régimen zarista gracias al apoyo económico de los oligarcas de Wall Street, con la esperanza de que los Bolcheviques al mando de Leon Trotsky le abriera las puertas a los “camaradas” de la Bolsa de Nueva York, como fue documentado por el economista e historiador británico-americano Antony Cyril Sutton; la II Guerra Mundial en la cual el régimen soviético no solo neutralizó con igual energía al ejército de Adolfo Hitler, también financiado por los multimillonarios de Wall Street, también documentado por Sutton, sino que además puso la mayor cuota de muertos —entre 27 y 33 millones entre militares y civiles, mientras las bajas de Estados Unidos osciló entre 220,000 y 400,00 víctimas militares (dependiendo de quién lo consigne). China puso la segunda cuota más alta con unos 15 millones de bajas—; mientras que la URSS fue el verdadero vencedor de los nazis —un logro del cual EE.UU. se apoderó y lo imprimió en los libros de historia occidental, además de esparcirlo en la mente de todas las generaciones posterior a través de una de las franquicias del Ministerio de la Propaganda, también conocido como Hollywood, plasmando aquello que George Orwell dijo una vez: “El que controla el presente controla el pasado, y el que controla el pasado controla el futuro”.
Y a lo anterior no debemos olvidar que la intimidación nuclear contra Rusia siguió y sigue vigente, como lo puede leer aquí, aquí, aquí, o en el documento del Pentágono publicado en noviembre pasado, citado al principio de este artículo, o el “show de fuerza” que ordenó el Pentágono contra Irán (un aliado de Rusia y un país clave en las Nuevas Ruta de la Seda) mientras se escribía este artículo.

La historia ha dado un giro de 180 grados
Como Mackinder señaló en 1904, el imperio —a emerger en los albores del Siglo XX— que conquiste el área geográfica de Rusia tendrá asegurada la conducción de Eurasia y, una vez asegurada esa posición, el ganador eventualmente tomará el control de la Isla-Mundo. Primero Inglaterra y después Estados Unidos no consiguieron ese propósito. Y es aquí donde podemos comprender mejor lo que para Rusia significa la cancelación o continuidad del Nord Stream 2.
Tras el largo camino de la convulsionada historia del Sistema-Mundo Occidental en el Siglo XX —al mando de la Cábala Anlosajona— 116 años después de lo que Mackinder propuso, las circunstancias que rodean a ambos lados ahora son muy distintas. Estados Unidos —la máscara del Imperio Anglosajón— está culminando un controvertido proceso electoral, que el propio republicano Donald Trump ha calificado como fraudulento. La pandemia del Covid-19 se ha incrementado de manera sustancial en las últimas semanas —para impulsar lo que será el multitrillonario negocio de las vacunas, a escala global, y con ello respaldar la “vaccinedollar”— y el escenario económico y social para Estados Unidos para 2021 es sumamente sombrío.
El presidente electo, el demócrata Joe Biden recién asumirá el mando el 20 de enero del 2021. Es muy probable que cuando llegue a la Casa Blanca el tendido del Nord Stream 2 haya avanzado considerablemente y se enfrente a una situación de hechos consumados. Y he aquí la astucia estratégica de los rusos y alemanes, concluir el gasoducto en un momento que su gran opositor está embrollado en sus propios problemas.
Los rusos, entonces, se convertirán en aliados estratégicos de los países más desarrollados y desconfiados del Viejo Continente —desconfiados del Imperio que los ha tratado como sus simples vasallos. ¿Quién iba pensar eso cuando se publicó el panfleto denominado “El Fin de la Historia” después que la Unión Soviética desapareció? La historia está por completar un giro de 180 grados.

El Mandarín observa en silencio
China, el socio mayor de Rusia, no ha levantado ni una ceja en este asunto. Pero se conoce del gran interés del gigante asiático porque el Nord Stream 2 llegue a buen puerto. Con ese bastión energético en el norte europeo, el trazo de las Nuevas Rutas de la Seda adquiere un realismo descomunal y acorta los plazos de su realización. Aunque como escribe Pepe Escobar en su artículo del 9 de diciembre, Estados Unidos —o “Stupidistán” como lo suele llamar él— aplicando su ahora esclerótica estrategia militarista que rige en el Pentágono desde hace 70 años, está enfocado en destruir las Nuevas Rutas de la Seda —después de haber invadido militarmente y/ o destruido económicamente a siete naciones en Oriente Medio desde el 2001.
Como lo hemos mencionado en otras notas del NSM, las Nuevas Rutas de la Seda soldará Europa con Asia a través de Italia. La energía que impulsará esa mega construcción de ciudades y vías de comunicación será también el abundante gas del Mediterráneo (Siria, Líbano, principalmente). Ese es el gran pánico existencial del Imperio Anglosajón, perder el control del “Rimland” y verse postrado a su propia “isla continental”, dixit Mackinder, lejos de la Isla-Mundo Euroasiática.

Como un Juego de la Guerra Fría
Así, los 160 kilómetros finales del Nord Stream 2 representan otro hito más de esa nueva era que el NSM anticipó, aunque no sin prever que sus fronteras estarán sometidas a una prueba ácida por parte de la Cábala Imperial. Del resultado de ese examen también dependerá el sosiego o la intranquilidad de los próximos años para Europa y el mundo entero.
Tampoco hay que descartar —desde el espacio infinito— el uso del Satélite 6G de China, no solo para apoyar la realización del tramo final del Nord Stream 2, sino también para detectar cualquier intento de sabotaje e interferencia para su concreción.
Los gamberros del Imperio no cejarán en su intento, más allá de crear problemas en las naciones claves de la Nueva Ruta de la Seda, como el reciente asesinato de Mohsen Fakhrizadeh, el principal científico nuclear de Irán, para causar una mar revuelta donde los “pescadores” —desde el ala dura del Pentágono hasta los especuladores del precio del petróleo en Wall Street— puedan sacar provecho. Sin dejar de subrayar el sorpresivo llamado del ex jefe de la CIA, John Brennan, quien —después de calificar el asesinato de “acto criminal y altamente imprudente”, que podría provocar “represalias letales y una nueva ronda de conflicto regional”— instó a Irán a esperar el “regreso de líderes de Estados Unidos responsables” antes de vengar a su científico nuclear.
Así que, como una serie de Netflix, la continuación del Nord Stream 2 tendrá capítulos emocionantes aún por ver.

La comparsa de los vasallos europeos
Y como otro ejemplo más de que los capítulos de esta serie continúan, acaba de surgir una de las pruebas ácidas que Rusia debe enfrentar por la conclusión del gasoducto Nord Stream 2. Esta semana se reportó que los líderes europeos en una cumbre de la Unión Europea (UE) pidieron nuevamente la extensión de las sanciones a Rusia, que se extenderán a mediados del próximo año y probablemente más allá de esa fecha. Esas sanciones de la UE se impusieron por primera vez en julio de 2014 por acusaciones dudosas de la maligna participación de Rusia en el conflicto ucraniano. Moscú ha respondido con contra-sanciones a las exportaciones europeas de agricultura y otros bienes.
Lo inconsistente de las sanciones, como se reportó aquí, “es que los nuevos datos publicados esta semana indican que la Unión Europea ha sufrido pérdidas económicas agregadas por valor de más de 145,000 millones de dólares, debido a su política de imponer sanciones contra Rusia. Eso es según las cifras publicadas por la Cámara de Comercio e Industria de Dusseldorf, Alemania”.
Es más, la “Cámara de Comercio e Industria de Alemania estima que todo el enfrentamiento ha afectado a las economías de la UE con pérdidas de 25,430 millones de dólares. El mayor perdedor es la economía de Alemania, que pierde cerca de 6,600 millones de dólares al año en el comercio bilateral con Rusia. Y acumulada durante seis años desde 2014, la política de sanciones de la UE contra Rusia ha resultado en una pérdida total asombrosa de más de 145,300 millones de euros. Y contando”.

Una política centrada en EE.UU.
El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, señaló esta semana que la política de la UE está “centrada en Estados Unidos”. Lavrov lamentó que la UE, bajo el liderazgo actual, “no muestre signos de actuar independientemente de Washington”. En efecto, el bloque europeo es un vasallo bajo la tutela estadounidense.
Y en una entrevista separada Lavrov dijo: “La conciencia de Occidente de que Rusia es una potencia independiente ha tenido un efecto acumulativo. Rusia siempre dará prioridad a sus intereses nacionales. Siempre está dispuesto a armonizarlos de forma franca y equitativa con los intereses nacionales de cualquier otro país sobre la base del derecho internacional, pero nunca estará bajo el control de nadie”. En otras palabras, Eurasia para los Euroasiáticos.
Y agregando una crítica muy sutil al militarismo estadounidense contra su país en los últimos 70 años, expresó: “El deseo de ganar puntos de propaganda ha dominado la política exterior de Occidente (Washington) durante mucho tiempo, mientras pasa por alto la esencia de los problemas que necesitan una solución en los intereses de los pueblos de las respectivas regiones”.
Un psiquiatra podría opinar que el antagonismo irracional y autodestructivo europeo hacia Rusia, mientras apacigua constantemente a un matón estadounidense, “es una forma de autodesprecio”.

¿Cuál es el juego geopolítico de Alemania?
Sin embargo, lo aparentemente contradictorio aquí, es que, en otro escenario, Alemania está a punto de concluir el Nord Stream 2 con Rusia, lo que convierte a ambos países en socios energéticos a gran escala. Entonces ¿a qué está jugando Alemania?
El juego geopolítico de una nación consiste en hacerse fuerte gracias a pactos o convenios. En obtener corredores para otros mercados y posiciones para posibles frentes de conflicto. Eso es lo que están haciendo a escala macro China y Rusia, a través de la construcción de su propio Capitalismo Histórico Independiente, vía el NSME. En el plano europeo es lo que pretende Alemania. Que lo consiga o no es otra historia. Mientras tanto, seguiremos viendo más capítulos interesantes como en “El Padrino del Harlem” —una alegoría a la lucha entre poderes.

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