Las cuatro fases del colapso y el rostro del capitalismo de EE.UU. en decadencia

Ilustración: IA Bing.com

Richard Wolff, un reconocido economista, plantea sin tapujos que lo que atraviesa Estados Unidos no es una crisis coyuntural, sino un “colapso sistémico en cuatro actos”. Cada uno de estos actos es un paso en la descomposición de un modelo económico que, en su fase terminal, ya no es capaz de sostener la vida básica de millones de sus habitantes.

Por Richard Wolff*
La “gran y hermosa ley” promovida por Donald Trump —un programa de recortes fiscales acompañado de desmantelamiento social— encarna un colapso con precisión quirúrgica, que está siendo llevado a cabo en cuatro fases y en toda su dimensión política, ética y estructural.

I Acto: Recortar el Medicaid
El primer movimiento en esta obra trágica es el asalto al Medicaid, el programa de salud pública que beneficia a las personas más vulnerables del país. Más de dos tercios de quienes lo reciben trabajan a tiempo completo, lo que desmiente de raíz el mito de que se trata de parásitos sociales. El proyecto legislativo, sin embargo, no solo reduce el presupuesto sino que lo hace para transferir los ahorros a los sectores más privilegiados, a través de “reducciones impositivas para corporaciones y millonarios”.

Es un “acto fascista”
Esto es algo más que una medida económica, es un “acto fascista”, una pérdida completa de conexión con la humanidad del otro. El resultado de este recorte será, inevitablemente, el deterioro de la salud pública, el aumento de enfermedades y la saturación de las salas de emergencia —que terminarán costando más al sistema. Pero ese no es el punto para quienes redactan estas leyes. El objetivo no es eficiencia, o eliminación del derroche fiscal, sino consolidar el poder de las élites incluso a costa de vidas humanas.

II Acto: Recortar el SNAP
El segundo acto es una estocada al estómago del pueblo: el recorte al programa SNAP (los antiguos cupones de alimentos). Este recorte no solo ataca la nutrición básica de millones de personas, sino que agrava todos los demás problemas sociales: la salud, la educación, la seguridad. En un país con una de las tasas de obesidad más altas del mundo —en parte por la mala calidad de la alimentación entre los pobres— quitar el acceso a comida saludable es una sentencia de enfermedad y muerte prematura.
Y la excusa de que “algunos hacen trampa”, no justifica destruir un sistema entero. Como profesor, uno sabe que hay estudiantes que hacen trampa, pero no por eso eliminamos la educación. El argumento es infantil, cínico y cruel, pero políticamente útil: canaliza el odio hacia los más vulnerables, para evitar tocar los privilegios de quienes realmente saquean el sistema.

III Acto: Deportar inmigrantes
La tercera fase es la deportación masiva de inmigrantes, la mayoría trabajadores esenciales en sectores de bajos salarios. La historia de EE.UU. está marcada por la inmigración, por generaciones de personas que llegaron sin nada y ayudaron a construir el país. La ironía es que todos los que alientan la deportación de inmigrantes, son hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes —a veces incluso inmigrantes de 1ra generación. El hecho de que hoy el sistema no pueda absorber a los inmigrantes, no es un signo de fortaleza ni de defensa nacional: es una confesión de fracaso.
Ya no hay voluntad de integrarlos, de formarlos ni de ofrecerles una oportunidad. Se los expulsa porque, en un capitalismo que se achica, los recursos son escasos y las élites no están dispuestas a compartir. Así, se externaliza el costo del colapso: los pobres, los inmigrantes y los enfermos pagan la factura de una decadencia provocada desde arriba.

IV Acto: Bajar impuestos a ricos
Y finalmente, el gran clímax: La continuidad y ampliación de los recortes fiscales a los ricos, aprobados el 2017 y ahora perpetuados en el nuevo paquete legislativo. Esta medida es la coronación de un sistema diseñado para proteger a los más poderosos, en el momento en que todo se desmorona. Es el “Robin Hood al revés”, un trasvase de recursos de los pobres hacia los ricos, sin vergüenza ni límite.
Es, además, profundamente antieconómico. Se justifican los recortes al Medicaid y al SNAP con la idea de “ahorrar”, pero ese ahorro se revierte en forma de beneficios fiscales para quienes ya tienen más de lo que podrían gastar en cien vidas. Es una redistribución inversa, un saqueo legalizado bajo el amparo de una ideología que ya no pretende ni siquiera parecer justa.

Un imperio en retirada
Entonces, lo que estamos viendo es el comportamiento típico de un imperio en decadencia, donde las élites, al sentirse amenazadas, se atrincheran y descargan los costos del colapso sobre las masas. En ese contexto, cualquier oposición se presenta como subversiva, cualquier petición de dignidad como un lujo inasequible.
Pero también hay un llamado implícito a la acción. Esto continuará mientras tú y yo lo permitamos. No se trata solo de resistir esta ley, sino de cambiar el sistema entero, un sistema que solo funciona para el 10% de arriba, porque, como dijo Margaret Thatcher, “no hay alternativa”… aunque esta vez, irónicamente, la única alternativa que queda es el socialismo que hubo cuando, hace 80 años, los ricos pagaban más del 90% de impuestos.

El colapso en tiempo real
El colapso del capitalismo no es una abstracción. Tiene rostros, cuerpos, muertes evitables, y decisiones políticas que lo aceleran. En estas cuatro fases —recorte a la salud, al alimento, a la migración y entrega del poder fiscal a los ricos— se condensa una tragedia moderna que exige algo más que indignación: exige una transformación radical. Porque si no lo hacemos nosotros, lo hará el caos.

* Richard David Wolff es un economista estadounidense, conocido por sus trabajos sobre metodología económica y análisis de clases. Es profesor emérito de Economía en la Universidad de Massachusetts Amherst y profesor visitante en el programa de posgrado en Asuntos Internacionales de The New School.

Fuente: https://youtu.be/F2JN9x_Vmvo

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