A veces los disparos de los francotiradores tienen víctimas colaterales. Las altas probabilidades de que Donald Trump regrese a la Casa Blanca —el intento de asesinato aupó su popularidad— le causaron una pesadilla a Volodimir Zelenski. La próxima nominación de Kamala Harris, en reemplazo de Joe Biden tras su renuncia a la reelección, tampoco calmará al presidente ucraniano. Ahora el tiempo corre en contra del ex comediante y está dispuesto a negociar un armisticio, pero lejos del Imperio del Mal. Busca a China como intermediario para buscar la paz —y sea garante de la reconstrucción de Ucrania, pero “Bajo un solo cielo” de la Ruta Cuántica.
Por Wilder Buleje y Alexandr Mondragón
Usted lo está leyendo en simultáneo con nosotros. El canciller ucraniano Dmytro Kuleba solicitó a su homólogo chino Wang Yi, un “diálogo directo” para poner fin al conflicto bélico con Rusia. Para el efecto, el jefe de la diplomacia ucraniana inició una visita de tres días a Pekín, en donde también buscará “desarrollar los contactos entre el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, y su homólogo de la República China, Xi Jinping”.
¿Por qué este giro dramático de Zelenski? La razón es porque en poco más de dos años, desde la incursión bélica de Rusia, el centro del universo está ahora en el Heartland Euroasiático.
Ahora el Sur es el Norte
En el pasado reciente, la mayor zona de influencia del mundo estaba en Occidente. La capital donde se decidía la suerte del planeta era Washington, D.C. En segunda instancia, Bruselas aparecía también como una opción para garantizar acuerdos que pretendían ser respetados en un largo horizonte de tiempo. Hoy, como una alegoría a esa canción de Ricardo Arjona “Sí el Norte fuera el Sur”, con el traslado del eje del Sistema-Mundo a Eurasia, los vientos soplan en otra dirección, tal como lo hemos estado advirtiendo desde el 2017.
El futuro que anunciamos hace siete años ya llegó, pero la mayoría no lo ha notado aún. Quienes quieren negar esta afirmación dirán que China se ofreció como mediador del conflicto y que, en virtud a esa iniciativa, los ucranianos están tomándole la palabra. Que solo se trata de una plataforma más para buscar que Rusia y Ucrania cesen las hostilidades y fumen la pipa de la paz en el corto plazo.
Claro, en teoría, esa perspectiva tenía asidero cuando Ucrania contaba con el respaldo de Joe Biden y de la Unión Europea. Ahora esa circunstancia desapareció y el regreso de Trump a la Casa Blanca es casi un trámite. Esto produjo un sismo político de Escala 8 en Kiev.
Entre los sicarios y la reconstrucción
Ahora —a sabiendas que Trump no le dará armas a Ucrania y que lo obligará a negociar el cese de hostilidades con Rusia, pero por sobre todo bajo los términos de los “sicarios económicos”, como ya nos lo contó John Perkins— Zelenski recurre a China porque sabe que el nuevo Hegemón tiene el poder de modificar el curso de los acontecimientos.
Además, y aquí está el meollo del asunto, plantearle la reconstrucción del país —China tiene la capacidad de hacerlo a la velocidad de un tren bala—para que el mandatario ucraniano no termine como un paria por la devastación causada a su país, tras servir como un vasallo a la “guerra por encargo” del Imperio del Mal.
Zelenski está consciente, al igual que el mundo entero, que China tiene fuertes lazos de amistad con Rusia —en realidad una “alianza simbiótica”— con acuerdos en muchos planos, entre ellos los de seguridad y apoyo militar. Son dos potencias integradas y a cargo de la arquitectura del Nuevo Sistema Mundo Euroasiático, integrando a todo el Sur Global, con más de dos tercios de la población mundial. Entonces, tocar la puerta de Xi Jinping significa que está dispuesto a negociar un acuerdo de paz, que altere lo menos posible los términos que ya adelantó Vladimir Putin. Caso contrario la guerra continuará y si Trump lo obliga a negociar la paz, será bajo los términos del demonio.
Solo le quedan cinco meses
China tampoco molestará a su socio para decirle que deje de disparar contra objetivos en Ucrania, si tienen que devolver los territorios que ya se anexionaron a Rusia mediante plebiscito. Tampoco habrá forma de hablar con Putin, si Zelenski insiste en formar parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que fue la causa fundamental de la respuesta bélica rusa en febrero de 2022. El objetivo final era impedir que EE.UU. instale misiles con dirección a Moscú y, de pasada, multipliquen laboratorios de armas biológicas.
En fin. Hay una serie de detalles de esa naturaleza que tendrán que ser expuestos por el canciller ucraniano con una cautela especial, porque en su defecto los chinos no moverán una ceja. Además, que Zelenski se olvide de hablar con Xi Jinping en el corto plazo. Total, ahora el tiempo corre a favor de Rusia y en contra de Ucrania. Solo quedan cinco meses.
El infernal dilema de Zelenski
La cuenta regresiva se activó el 13 de julio con el atentado contra Donald Trump en Pensilvania —fabricado por la Gran Cábala y el Estado Profundo, como ya lo hemos explicado— y culminará con las elecciones del 5 de noviembre. Si el Republicano gana la pulseada, Zelenski sufrirá en carne propia los efectos de sus peores pesadillas. En la práctica no habría negociación y los rusos podrían conquistar más de lo que pidió Putin inicialmente. Trump deberá ceder, salvo que quiera verse retratado como un farsante ante su promesa de acabar la guerra en Ucrania —aunque la GC lo arrinconará por ese alarde de novio facineroso.
Este es el dilema de Zelenski: firma un mal acuerdo o pierde todo. También habrá comprobado de manera directa una vieja lección diplomática: No es bueno ser enemigo de Estados Unidos, pero es peor ser su amigo.
Las probabilidades de que Kamala Harris alcance la Oficina Oval son escasas, pero aún en la posibilidad que gane la contienda a Trump, nada le garantiza a Ucrania que contarán con el apoyo de la Casa Blanca. Una derrota del republicano desatará una conmoción social muy parecida al inicio de una guerra civil. Lo del 6 de enero del 2021 será un pleito de niños escolares en comparación y EE.UU. estará tan hundido en sus propios problemas, que a Zelenski lo dejarán abandonado como un gato techero frente a un dóberman
Por qué elegir a China
¿Por qué Zelenski está obligado a negociar con China? Porque el eje del Sistema Mundo se está moviendo a una velocidad increíble hacia Eurasia. La expansión de la influencia china en el mundo alcanzó un vasto espacio territorial —sin disparar ni una bala y sin colocar bases militares fuera de su territorio como lo ha hecho EE.UU.
David P. Goldman lo detalla así: China lo consiguió construyendo una vasta Economía-Mundo. Es la Fábrica-Mundo, y ejerce un poder nunca antes visto en la historia de la humanidad. El mundo depende literalmente de lo que produce y comercia a través de la Ruta-Cuántica, también conocida como las Nuevas Rutas de la Seda en constante expansión.
En sentido contrario, desde este lado del mundo no es posible adelantar qué escenario nos espera en los próximos meses. La incertidumbre no viene de Asia, sino de América. Ahora mismo Estados Unidos es una olla a presión soportando altas temperaturas. El periodo electoral activó la conflictividad interna a niveles insospechados.
Una falsa “afro-americana”
El intento de asesinar a Trump —como lo percibe la mayoría de la población, aunque la realidad supera la fantasía— disparó la sensibilidad de sus partidarios y optaron por mostrar los dientes. Desde el lado de los demócratas, las aguas también están movidas. La salida de Biden, luego que sus antiguos aliados lo tiraron debajo del autobús, también dejó contusos y heridos.
La vicepresidenta en ejercicio, Kamala Harris, solo está esperando la formalización de su candidatura por el Partido Demócrata, puesto que carece de oposición real dentro de su agrupación. Pero su candidatura, por más que la inflen los medios —la venden como “afro-americana”, cuando su origen es de la India, por parte de madre, y de la isla de Jamaica, por parte del padre, y por su sangre corre el DNA de dueños de esclavos, todo esto Trump se lo refregará en la cara—, aún está por ver si atrae el voto de los indecisos que, como sucede en las elecciones estadounidenses, suelen decidir el resultado.
El enigma de la Gran Cábala
Empero, no debe olvidarse que el poder fáctico que controla Estados Unidos —la Gran Cábala— está midiendo la temperatura política para actuar a través del Estado Profundo y llevar a cabo lo que más les convenga a ellos. Sus intereses son superiores a los del país que les hizo ganar ingentes cantidades de dinero y poder a través de su aparato financiero y militar, en particular. Ahora que las cosas se están saliendo de madre —el poder jamás es eterno, lo sabemos desde el Imperio Romano— quién sabe cómo actuarán ante una situación inédita. Pero de que van a actuar, lo van a hacer —quizá con otra pandemia incluida, porque al 0.001% le importa un cacahuate el resto.
Una advertencia centenaria
Al otro lado del mundo, China y Rusia miran con expectativa el desarrollo de los acontecimientos. Ambos apoyados sobre el núcleo territorial que vislumbró el geógrafo inglés John Halford Mackinder, en 1904, para que Inglaterra tome el control de Eurasia y por gravedad el mundo entero. Ese sueño, que tras la II Guerra Mundial pasó a manos de la GC, por la vía de EE.UU., ahora le pertenece a chinos y rusos, que hicieron suya la magistral teoría del geógrafo inglés, pero a la inversa —como él mismo temió y advirtió, a sabiendas de lo que podía hacer una civilización milenaria.
Cuando Mackinder analizó el lugar de China en el mundo en 1911, previó que “Siempre que este gran pueblo decida aprovechar al máximo… los recursos… la industria, las comunicaciones y la defensa, es inevitable que después de una o dos generaciones China se cuente entre las … Grandes Potencias del mundo”.
Dicho y hecho eso es precisamente lo que ha sucedido y sus implicaciones geopolíticas y geoeconómicas son a escala planetaria y más allá —¡Los chinos también están en la Luna y piensan llegar a Marte! El mundo ya no será el que conocimos cuando pasamos del Siglo XX al Siglo XXI, ahora estamos en el umbral de una Nueva Era —tal vez de varios siglos, como las dinastías que gobernaron la China milenaria desde hace 4,000 años— en donde, como lo advierte Goldman, seremos asimilados para pagarle tributos por el uso de la Ruta Cuántica.

Impresionante